miércoles, 15 de septiembre de 2010

Nora Zicovich. Wilson_ CONSIGNA 3 - GRUPO 1 - Laura Di Marzo

Maravillosa Imaginación

― ¡Ven aquí, princesa, yo te rescataré del mago malo de los vientos! ¡Oh, príncipe encantado, con tu magia me has salvado! ¡Te amaré para siempre! ¡Yo también!

     Los muñecos de mi hija se besan y yo sonrío, espiándola desde el vano de la puerta. Adoro verla jugar. Me maravilla la imaginación que tiene, los mundos que construye. Pese a que tenga muchos juguetes, porque a mis hijos gracias a Dios nunca les ha faltado nada, los mundos que construye no tienen nada que ver con la realidad que la rodea. Los juguetes son para ella un punto de partida. Que su Barbie sea morocha no le impide imaginarla rubia. Que Cacheto sea su muñeco perro no le impide convertirlo en un unicornio volador cuando le sea necesario. Esa maravillosa imaginación no la sacó de mí, eso seguro.
      La veo jugar y sonrío de ternura. La veo envuelta en la luz cálida que entra por la ventana, como bajo un manto de inocencia. Ella, ajena a todas esas cosa que las madres piensan, sencillamente vive en su mundo. A veces me preocupa que no viva en este, es muy fantasiosa. Pero allí en su mundo, ella es tan feliz…
      Me acuerdo del día en que nació. A Tomi lo habíamos dejado con mis padres, porque los de Daniel estaban en el exterior. Yo estaba tan emocionada de que se venía la nena… Se dejó ver nena en la ecografía del tercer mes, y yo llevaba seis meses de ansiedad por conocerla. Me acuerdo del día en que nació. Pasé horas a solas con ella, mirándola, tocándole la naricita, los piecitos, contándole cada uno de los deditos de la mano una y otra vez, rozándole esa piel tan suavecita que tienen los bebés, cantándole canciones de cuna. Qué hermosa que era. Cuando llegó Dani, que había tenido que hacer unas cosas y no había podido llegar al parto, me acuerdo la sonrisa de contento que tenía. Similar a cuando nació Tomi. Bueno, realmente con Tomi era otra cosa, porque Tomi fue el primero. Con Tomi no paraba de mirarlo un segundo, lo cargaba, lo paseaba… Qué recuerdos tan felices.
      Hemos tenido una buena vida. Tenemos una buena vida. Tenemos desacuerdos, como cualquier pareja, pero nunca nos peleamos, nunca discutimos. Daniel tiene voz fuerte, pero no es que grite. Es un buen hombre. Trabaja mucho para todos nosotros y nos cuida. Yo trato de hacerle una comida original cada día. La verdad es que yo podría haber seguido trabajando después de que nació Tomi, pero elegí priorizar la maternidad, y Daniel estuvo de acuerdo. Incluso cuando yo dudé me insistió para que eligiera esto y yo se lo agradezco, porque… Bueno, porque llevo una vida muy feliz. Tomi es un gran chico, es muy parecido a Dani. Es todo un hombrecito. Igualito a Dani, igual, igual. Realmente soy muy feliz. Tengo mucha suerte, y eso es algo que no todo el mundo puede decir.
      Aunque en general juego con Luchi, porque como es nena nos entendemos más, quiero estar presente para Tomi, así que me acerco al living comedor. La luz entra, cálida, a raudales desde afuera. Los pájaros cantan, hay pasto, hay árboles. La verdad que el barrio este es un sueño, es un buen lugar para criar hijos. Tiene seguridad las veinticuatro horas y mucha naturaleza. Lástima el ruido que tiene el jueguito este que está jugando Tomi. Me acerco a él, a sus espaldas, y veo qué está jugando. Blande el joystick en la mano, imitando la espada con la que su personaje, en el televisor, rebana a sus enemigos. Me impresiona realmente lo gráfico del juego, lo realista de la sangre. Hay mucha sangre, además, me parece que es un juego muy violento.

― Tomi…
― Qué.
― Amor, ¿no querés apagar eso y jugar afuera? ¿Salir un poco a la naturaleza, caminar descalzo por el pasto? Mirá por la ventana, es un día hermoso.

      Me quedo esperando a que ponga pausa, a que gire la cabeza para mirar lo hermoso del día. O por lo menos que me conteste… Bueno, debe estar concentrado.
      Busco a Dani con la mirada y lo veo en una esquina de la sala, leyendo el diario en un sillón junto al ventanal. Me acerco a él, le pongo una mano en el hombro.

― Dani…
― Mmm…
― Escuchame, amor…

    Dani se pasa un dedo por la lengua y pasa la página. Comienza a leer una noticia nueva.

― Mi amor…
― ¡Qué! ¡Te estoy escuchando!
― ¿No te parece que el juego que está jugando Tomi es muy violento?
― Está bien, Mónica. A la nena hacela jugar con esas muñequitas y que vea esas princesas del lago y esas pelotudeces. A los hombres nos gustan estas cosas. Tiros, lío y cosa gorda.


      Me gustaría que aunque sea me mirara cuando me habla… Bueno, no sé, durante la semana no tiene tiempo para leer el diario, supongo. Pero yo tengo que insistir, porque me parece que esos juegos que juega Tomi no le pueden hacer bien.

― Pero… No sé, Daniel, no me parece… - no me contesta, así que sigo – Aunque sea le hablo, le digo que esto… Ponele, le digo que esto se queda en el juego, ¿no? Que la vida es otra cosa…

      Me quedo un rato en silencio, Daniel no me contesta. Me pregunto si estará pensando lo que le dije, si quizás va a decirle él algo a Tomi. Después de un rato, le insisto.

― ¿No te parece?... 

    Dani no me contesta… Bueno, yo supongo que no puede oponerse a que le diga algo tan evidentemente cierto.

― Bueno, voy a hacer eso –le digo. Miro a mi hijo y elevo un poco la voz -. Tomi…
― ¿Mónica, la cortás de una vez? ¿Vos no entendés cuando te hablo? El castellano, ¿lo entendés?


      Daniel, exasperado, me mira con enfado, tira el diario sobre la mesita y se va para donde está Tomi, que había puesto pausa en el juego y se había dado vuelta a mirarlo. Le pone una mano sobre el hombro, y Tomi saca la pausa y vuelve al juego.

― No des bola, Tomi. Mamá habla pelotudeces. A ver, haceme lugar.

    Se siente al lado suyo, y no sé si será la luz que entra desde afuera que los veo iguales. Tan iguales…
    Me quedo allí de pie un rato, y luego me pregunto qué hago ahí, si nadie me mira siquiera. Me voy con Lucía, que debe estar jugando sola, construyendo castillos, imaginando princesas y príncipes encantados; hadas, magia y grandes aventuras. Imaginando finales felices.
     Supongo que sí lo sacó de mí, después de todo.

2 comentarios:

Daniel (Grupo 1) dijo...

Nora, me encanto como construiste lo cotidiano a lo largo del texto y como el discurso conformista de Monica presiona todo el tiempo para convencerse del destino que le toco en suerte. Realmente, a mi parecer, se logro la consigna.
Saludos

Nora Zicovich Wilson dijo...

Daniel, recién leo tu entrada. Muchas gracias por tu comentario! Fue una de las consignas más complicadas para mí, qué bueno que pienses que lo logré...