El viaje
Era verano y el calor se sentía en Amsterdam, Jorge y Agustina se refugiaban del sol bajo pequeño techo de la parada del tram mientras él miraba el mapa ella permanecía sentada en el único y angosto banco.
- Jorge: Bueno, entonces tenemos que tomar el cuatro hasta el centro, nos bajamos en el monumento y de ahí agarramos el dos o el cinco- explicaba él mientras dibujaba el recorrido con su dedo índice.
- Agustina: Como digas, yo estoy bastante perdida.
- Jorge: Por eso le saqué una foto al nombre de la parada con tu celular, por si te perdés, mostrás eso y te traen, o decís Hotel Flipper y listo, debe ser el único con ese nombre- dijo sonriendo levemente y la tomó por los hombros.
- Agustina: No puedo creer estar acá, me estás dando el mejor regalo de mi vida, ¿lo sabías no?- lo miró directo a los ojos por un rato, hasta que estos empezaron a humedecerse y tubo que girar su cabeza disimulando que vigilaba por si llegaba el tram, ya no quería llorar.
-Jorge: Amor, me gusta verte feliz, además yo también siempre quise venir acá. Hagamos un trato, hasta que cierre el museo vos nos dirigís, pero después vas a tener que venir conmigo a un coffe shop y probar algún que otro brownie loco – Los dos empezaron a reírse con sincera alegría.
- Agustina: Sabías que Van Gogh, tenía un gran amigo, Gauguin, con el que discutió muy fuerte un día…
-Jorge: ¡Para! A ver si adivino… y después se arrepintió, se cortó parte de la oreja y lo corrió para que lo perdonara.
- Agustina: Algo así – dijo como si le tomara lección, trataba de mostrarse animada.
- Jorge: Y ahora viene la parte en la que me decís, ¿vos harías algo así por mi? Y yo te digo, me cortaría la mano derecha y aunque no tocaría nunca más la batería te seguiría amando como te amo ahora- dijo él parado, con una mano en el hombro de su novia y la otra apoyada en su propio pecho como haciendo una promesa.
- Agustina: Se ve que soy pesada a veces. Pero bueno, esto lo amerita, después de ver tantos libros y leer tanto, me parece mentirá que estoy en la estación Amstelkade, que no sé ni pronunciar, esperando el tram para ir al museo de Van Gogh- dijo casi gritando de alegría, como si de golpe despertara de un largo sueño y la vida fuera increíble. Luego, al ver el modo en que él la observaba, la sonrisa lentamente se le fue desdibujando, tomo sus manos y prácticamente suplicando susurró- Me prometes que aunque sea pesada, y a pesar de todo, ¿me vas a amar y te vas a quedar conmigo?- Ya no era la misma persona, en un segundo todos los colores de su rostro se habían borrado, mostraba ahora una palidez mortecina y una ojeras tan negras que parecían pintadas.
-Jorge: Mirá si dirás pavadas eh! Sabés que te amo tontita, sino no estaría del otro lado del mundo solo con vos, aguantándote, ¿o no?- dijo mientras le tomaba el rostro con ambas manos, ella le quitó las manos y se puso seria.
- Agustina: Siempre usas la misma estrategia, te haces el gracioso, ya sé lo que significa este viaje, incluso sé que hoy me amas, lo siento, pero… - dijo con una mueca que intentaba ser sonrisa y una lágrima que se le escapaba antes de que pueda desaparecerla con su mano.- Jorge: ¿Te diste cuenta que acá la luna va para el otro lado?- dijo él agachándose hasta quedar en cuclillas y con sus manos en las rodillas de ella. Agustina negó con la cabeza y él con su voz gruesa pero dulce le explicó- Acá la luna hace el recorrido contrario que en Argentina, camina marcha atrás, si eso es diferente, acá todo puede ser diferente, tenés que creer que todo puede ser diferente- Se abrazaron en silencio, aferrándose el uno al otro y mordiéndose los labios para que la angustia no se escape en forma de grito. Permanecieron así hasta que sonó la campana del tram.- ¡Mirá! es el cuatro- dijo él y se incorporo casi de un salto, tomó su mano con seguridad y una firmeza que la obligo abandonar el banco de la estación y a ponerse en marcha- vamos, apuráte, Van Gogh te está esperando.
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