viernes, 10 de septiembre de 2010

Zona de riesgo

Por María Luz Gianni Bosse


La cabaña se alejaba aún más, cada vez que ella lograba dar otro paso. Él le llevaba unos metros de distancia, parecía ansioso por encontrar el lugar.



- ¿Podes ir un poco más despacio? Esta subida me cuesta- dijo Teresa con una respiración jadeante.

- Si, pero dale apúrate, que quiero encontrar ese lugar del cual tanto nos hablaron- afirma Juan

-Bueno, pero llevamos caminando una hora ¿Dónde esta?

-Acá, vení, rápido, esto es único- Llegan a la punta de un acantilado. Él se sienta y espera. Pocos minutos más tarde llega Teresa, con las extremidades de su cuerpo temblando.

- Bueno ¿y? ¿Qué te parece?

- Eh…Está lindo

-¿Está lindo?

-Si… (Baja su mirada y se pierde en los miles granitos de arena)

- ¿Nada más? Decíme algo

-¿Qué queres que te diga? Esta lindo

-Si eso ya me lo dijiste

-¿Entonces?

- Esta bien Teresa déjalo ahí…

-Bueno estoy cansada

-¿Cansada de qué?

- Caminamos mucho

-Sólo fueron un par de minutos, no exageres

-Pero yo me cansé

-Pero antes podías

-Pero ya no es como antes.



Ambos se quedaron mirando el horizonte, contemplando el atardecer que le ofrecía esa tarde de verano, como regalo de bodas. Luego de unos minutos, Juan atinó a reanudar la conversación.

- ¿Te acordás ese verano que alquilamos los carritos y nos fuimos hasta Las Grutas?

-Si, me acuerdo

-¿Lo podríamos hacer no?

- No, esta muy lejos

- Antes no te parecía tan lejos

- Antes, vos lo dijiste.

- ¿Por qué no pintas este paisaje? Es único. Si queres también me podes pintar a mi

- ¿Cómo todo un conquistador? Ella esboza la primera sonrisa de la tarde

-Claro, con bandera y todo.

- Dale. Tráeme los pinceles y la paleta. Están en el bolso grande. Ella hace un esfuerzo por levantarse, pero sus piernas no le responden, como antes.

- Deja, yo te ayudo- le dice Juan- Acá tenes los pinceles, para que te acomodo la hoja. Bien rústico, no trajimos el atril.

-Era mucho peso.

-Sí, claro…

Teresa comenzó a pintar con Juan elevando una postura de héroe patriarcal. Ella toma la paleta y mezcla los colores del atardecer. Desliza su primera pincelada en la hoja de papel. Luego le siguieron algunas más, que, en conjunto, se transforman en una figura perceptible.

- Pone tu brazo encima de la cabeza. Recto. Como si sostuvieras una bandera.

- Así- Dice Juan haciendo un pequeño movimiento.

- Sí. Esta empezando a refrescar. Voy a ponerme tu campera.

- Pero el día esta lindo, hay gente metida en el mar. Mirá- Él señala unos metros más abajo.

- Esa gente esta loca. Hace un frío de morirse. ¿Vos no tenes frío?

- No estoy bien, úsala. Yo tengo que parecer fuerte. Soy todo un héroe patriarcal- Afirma Juan en tono burlón, pero Teresa apenas hace una mueca y baja la mirada hacia la hoja.

- Estoy cansada. Sentémonos un rato.

- ¿Estás cansada?

-Sí eso fue lo que te dije Juan.

- ¿Te acordás cuando pasabas toda la tarde pintando en casa? No había quien te sacara de ahí, ni para comer.

- Sí, me acuerdo. Sigamos con la pintura.

- Pero si recién nos sentamos.

- No quiero hablar, quiero pintar.

Teresa intentó levantarse, pero cada vez le costaba más. Juan ya estaba en pose. Ella lo intentó una vez más, quería hacerlo sola.

- Parece que los pies se me pegan al suelo.

- ¿Queres que te ayude?

-No. Puedo sola- con un envión logró levantarse. Sus piernas hicieron el leve sonido de una contracción.

- Bien. Falta poco ya.

-Qué bueno. Después podemos ir a caminar por el centro de la ciudad ¿Qué te parece?

- Que no.

- ¿Por qué no?

- Porque no y punto.

- Décime una respuesta coherente por favor.

- Estoy cansada.

- Siempre lo estás.

- Sí. Últimamente, sí.

- Pero vinimos de luna de miel. No podemos estar todo el tiempo durmiendo

- Yo lo prefiero- dijo ella realizando las últimas pinceladas del cuadro.

- Dale, demos una pequeña vuelta, por lo menos.

- No, Juan dije que no. ¿No me entendés cuando te hablo? Le costaba cada vez más mantener la paleta erguida.

- Pero al final vinimos acá al pedo. No hicimos nada.

- Vos quisiste venir. Yo no te lo pedí.

- Gracias. Quiero hacer algo por los dos y así reaccionas.

- Sí reacciono así. Déjame sola por favor.

- ¿Qué?

- Lo que escuchaste. Déjame sola.

- No puedo ni quiero.

- Déjame sola- Y un grito salió de lo más profundo de sus entrañas. Como si quisiera liberar todo el dolor que veía acumulando hace tiempo.

Ella empezó a correr, a bajar el acantilado con un impulso genuino y voraz. No miró para ningún lado, sólo quería alejarse de todo eso: de Juan, de las pinturas, del horizonte. Juan gritó algo pero ella no quiso escuchar. No podía escucharlo más. Él no entendía. De repente, un bocinazo que apago la luz. Un destello de colores se sucedía en aquel paisaje límpido. Ella no podía avanzar ni retroceder. Simplemente ya no estaba en ese plano.











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