Clara Mendez
Todavía era de noche cuando nos levantamos.
-¿Me pasás el azúcar?, pidió Juana mientras
agarraba el termo para servirse café.
-¿Cómo? ¿No tomás con edulcorante vos?,
pregunté anonadado. Nos conocíamos hace 5 años, eso son más de mil cafés
compartidos y todos habían sido con edulcorante, no importaba si comía 5
medialunas con jamón y queso; el café era con edulcorante. “Algo menos es” me
explicaba y era un muy buen argumento.
-¿Qué sentido tiene a esta altura?, me dijo
revolviendo con desgano sin chocar la cuchara con el borde de la taza, sabía
que ese ruido me molestaba.
-No empieces Juana…
-Es que no empiezo, justamente no empiezo
nada, solo estoy terminando… Dejame en paz, ¿En qué te cambia si tomo el café
con azúcar, con edulcorante o con sal?
Le puso 4 desafiantes cucharadas de azúcar y me sorprendió como podía haber tanta violencia en un gesto tan cotidiano, y pensé que todos los que estaban tomando el desayuno no podían ni siquiera imaginar que en ese gesto, que en esas 4 cucharadas, se encerraba una derrota, una rendición.
Le puso 4 desafiantes cucharadas de azúcar y me sorprendió como podía haber tanta violencia en un gesto tan cotidiano, y pensé que todos los que estaban tomando el desayuno no podían ni siquiera imaginar que en ese gesto, que en esas 4 cucharadas, se encerraba una derrota, una rendición.
Nos encontramos en la puerta de la hostería
con el guía que nos llevaría hasta la Cascada del Diablo, porque acá todo es
del diablo; curva del diablo, cueva del diablo, como si eso le diera cierto
halo de majestuosidad o respecto. A mí solo me daba desconfianza.
-¿Cómo andan los tortolitos? ¿Tuvieron una
linda noche? Qué cosa che, tienen la almohada pegada a la cara, la noche es
para dormir, aunque estén de luna de miel. – Dijo el hombre que tenía puestos
unos anteojos de sol, aunque no hubiera sol, y que le tapaban la mitad de la
cara. Reía mucho. Alguien debería decirle que por las mañanas la gente prefiere
estar en silencio, no sentir la obligación de sonreír frente a chistes de mal
gusto.
-No hicimos ni 500 metros y me duelen los
pies, no creo que haga toda la excursión, te lo digo desde ya para que no te
pongas de mal humor si me vuelvo.
Juana gesticulaba con sus manos como si estuviera matando alguna mosca, siempre movía sus manos exageradamente, tiraba vasos y floreros cuando se emocionaba hablando. Lástima que con el tiempo fue perdiendo la emoción.
Juana gesticulaba con sus manos como si estuviera matando alguna mosca, siempre movía sus manos exageradamente, tiraba vasos y floreros cuando se emocionaba hablando. Lástima que con el tiempo fue perdiendo la emoción.
-No hagas eso Juana
-¿Qué no haga qué?
-Dejarme como si fuera un mal tipo que se
queja de todo, siempre me pintás como el
peor.
-Uhy dios, si te despertaste susceptible no
me culpes a mí, ¿eh? Ya tengo bastante con lo mío como para cargar con tus
conflictos.
-Y si…
-¿Qué?
- Siempre se trata de lo tuyo, de tu GRAN
tema, y no hay espacio para nada más.
-No voy a permitir que justo vos me digas
egoísta, no Lucas, justo vos y a mí, no.
Juana aceleró el paso y caminó junto al guía. Tenía esa capacidad de abstraerse de la situación en la que estaba si es que había algo que le molestaba. Cuando pintaba era igual, podía caerse el mundo al lado suyo, podía sonar el teléfono, podía el mismo diablo estar pidiéndole el alma y ella no escuchaba, no estaba ahí. Siempre pensé que debía tener un mundo completamente distinto al nuestro construido dentro su cabeza y que solo dejaba escapar de vez en cuando en alguno de sus cuadros.
Juana aceleró el paso y caminó junto al guía. Tenía esa capacidad de abstraerse de la situación en la que estaba si es que había algo que le molestaba. Cuando pintaba era igual, podía caerse el mundo al lado suyo, podía sonar el teléfono, podía el mismo diablo estar pidiéndole el alma y ella no escuchaba, no estaba ahí. Siempre pensé que debía tener un mundo completamente distinto al nuestro construido dentro su cabeza y que solo dejaba escapar de vez en cuando en alguno de sus cuadros.
Habían árboles muy altos, plátanos,
palmeras y me dio lástima saber que Juana no veía nada de eso, que estaba
enfrascada, endiablada, en sus conflictos, en sus temas, en sus diagnósticos.
Siempre habíamos soñado con conocer Australia y ella simplemente no estaba ahí, solo esperaba que el diablo
meta la cola y la libere de la responsabilidad de seguir viva, de seguir sin
tener la fuerza de decir “Estoy bien” de seguir en esa mediocridad de estar
bien sin querer estarlo.
-Bueno yo los abandono acá, dijo Juana sin siquiera voltear para mirarme
a los ojos.
-Solo faltan 5 minutos, respondió el guía.
Sacó una botella de agua de su mochila y se la ofreció.
-No me importa. Juana rechazó la botella de
agua alejándola con la mano.
-Juana, dale, vos quisiste venir a la cascada,
ponele ganas, vamos, es un ratito de caminar nada más.
-Ya te dije cuando salimos- me miró por primera vez en media hora con los
ojos bien abiertos y la mandíbula contraída- ya sé que es un bajón, que soy un
bajón, que estás harto, que te gustaría que esté todo bien y que por eso me
trajiste al otro lado del mundo, pero no. Mi cuerpo está cansado y yo tengo que
escucharlo.
-Te traje al otro lado del mundo porque
siempre quisimos venir acá, y te quise invitar porque estabas mal, y quería
levantarte el ánimo y lo único que conseguí…
-¡Ah bueno! ¡Lo único que me faltaba!
Primero este siempre fue TU sueño y como siempre yo te apoyé, cosa que vos
jamás hiciste conmigo. Y yo no estoy mal, ni amargada, y si vos sos tan cobarde
como para ni siquiera poder ver como son las cosas…
-Está bien Juana andá al hotel y llorá
sola, enójate conmigo, hace lo que quieras.
El guía había caminado sin mirar para atrás
varios metros y se estaba armando un cigarrillo. Lo alcancé.
-Mi mujer se volvió.
Caminamos 5 minutos más hasta que leí “CASCADA DEL DIABLO”, y si que lo es, pensé.
Caminamos 5 minutos más hasta que leí “CASCADA DEL DIABLO”, y si que lo es, pensé.
-Su mujer está enferma. El guía miraba como
caía el agua con violencia arrastrando todo a su paso. Parecía darle paz ver
esa violencia hecha agua.
-No, no exactamente. A mí la cascada me
inquietaba, como me inquietaba estar en un balcón en un departamento; siempre
siento esa ansiedad de que podría saltar, de que es tan fácil, siento ese “¿por
qué no?” y me asusto. Quería salir rápido, sentía que el diablo me gritaba
desde abajo del agua y que mi cuerpo iba a responderle sin que yo quisiera.
Recordé un cuadro de Juana, uno de los más
antiguos, uno que pintó cuando todavía ni nos conocíamos, cuando empezó con eso
que le revolucionaba la cabeza y no la dejaba ser ella. Era una cascada, con
muchos azules, con la espuma del agua pintada de una manera que daba ese efecto
que parece que sale del cuadro, que va a mojarte, pero había algunas pinceladas rojas, mucho
rojo. Nunca entendía que hacía ese rojo ahí. No le gustaba ese cuadro y a mí
tampoco, me inquietaba. Desde que la conozco, desde que conocí ese otro mundo
en el que ella vive de vez en cuando, muchas cosas me inquietan. Veía la
cascada y pensaba en Juana, en que me gustaría que esté conmigo, pero que esté
conmigo la persona que conocí, esa persona que algunos días se despierta
conmigo.
Escuché unos gritos, el guía por fin se
sacó sus anteojos de sol, yo seguía pensando en Juana, en qué estaría haciendo,
en si habría llegado al hotel sola, en que debería llevarla a comer comida
oriental como a ella le gustaba para ver si así le sacaba una sonrisa. Pero eso
ya no tenía sentido porque lo vi, de un instante al otro entendí los rojos en
aquella pintura que no le gustaba. De repente entendí mi inquietud, entendí la
ansiedad que había envuelto mi cuerpo desde el momento en que me choqué con
aquella cascada. La gente gritaba, el guía me sacudía. No entendían que el
diablo ya había metido la cola mucho antes de que ella saltara.
2 comentarios:
1- Me gustó esta imagen: "me dijo revolviendo con desgano sin chocar la cuchara con el borde de la taza, sabía que ese ruido me molestaba." Y me gustó el "sabía que ese ruido me molestaba".
2- "y te quise invitar porque estabas mal, y quería levantarte el ánimo y lo único que conseguí". Algo pasa con ella y eso lo sabemos, tal vez está bueno no contar cómo está ella sino que se entiende por otras cosas del relato
3- En cuanto al perfil de los personajes, el de ella está más definido que el de él. Sabemos poco de él.
4- Los diálogos me parece que están muy bien logrados y el ritmo del relato a través de los diálogos en general también.
5- Me gustó el final y la relación entre la pintura y la vida, entre ese cuadro en particular pintado por Juana y el terrible "cuadro" final de su vida hecho realidad.
Me gustó mucho!
Alejandro
Gracias Ale, voy a tener en cuenta lo que decías, tal vez son redundantes algunas aclaraciones sobre su estado, es mejor hacerlo notar que decirlo.
Con respecto a el perfil de él... ten{es razón! no se que me pasa que cuando escribo siempre me centro en las mujeres y los hombres se desdibujan, lo voy a charlar con mi psicoanalista!
El final es la parte que más me gusta, la que considero que mejor me quedo! :)
Gracias por tus aportes!
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