Una pareja recientemente llegada de Buenos Aires a Lima se hospeda en
una cabaña frente al mar. Su luna de miel es la excusa para realizar el viaje.
Deciden dar un paseo y ver los acantilados por primera vez. Ya llevan 20
minutos caminando por parajes solitarios.
-Dale, Julia, ¿ya te cansaste?
-Y es que me cuesta Mariano, me
agito más rápido que antes, esto no es un chiste.
-Es todo psicológico, uno se
enferma más pensando que está enfermo. Vas a estar bien, tenés un buen médico,
pensá en positivo, dale…¡estamos de vacaciones!
-Vos estás relajado porque te
fuiste de la ciudad y tus problemas terminaron, yo, me vaya donde me vaya,
cargo con mis problemas a todos lados. A veces, sos tan superficial que me
asusta.
-¿Soy superficial porque quiero
que te relájes un poco y déjes de pensar en tu enfermedad?
-Basta Mariano, a veces me
cansás…
-¿Tendrías ganas de volver algún
día a París? De paso volvés a ver a tu amiga, ya la nena debe tener como 3 años
desde la última vez que la vimos…
- 2…
-Bueno, 2…quizás puedas exponer
tus cuadros allá y eso te ayude a recuperar las energías que los médicos de
Buenos Aires te absorben.
-No entendés que un viaje tan largo cansa,
estoy agotada, ya me costó subirme al avión para venirme para acá, y eso que no
cruzamos ningún océano…
-Pero ves que todo pasa por tu
mente, son casi las mismas horas de vuelo y ni te das cuenta si cruzás un
océano o no, dejá de somatizar…
-Es que no quiero hacer planes
tan a largo plazo, ahora estamos acá…quiero ver el mar.
-Estamos yendo, pero a este ritmo
tuyo Julia…
-¿Por qué te casaste conmigo?
¿Por qué estás conmigo? Desde que nos conocimos supiste que estaba enferma, si es
algo que te molesta tanto, no entiendo…
-No me molesta que estés enferma
tonta, me molesta que somatices todo, dejás de disfrutar la vida pensando en
que te vas a morir... ¡y estás viva!
-No me respondiste a mi pregunta…
¿por qué estás conmigo?
-¿No es obvio eso? No me gustan
tus cursilerías, basta Julia, no te pongas melodramática.
Luego de caminar un rato en silencio Mariano empieza a hablar.
-Lo que más me gusta del mar es
ese olor a mar, sin verlo sabés que está cerca…lo sentís en la piel…Desde los
acantilados vamos a tener una vista impresionante. Cuando era chico iba a los
acantilados de Mar del Plata y eran altísimos para mí. ¿Viste que cuando sos
chico todo te parece más grande? ¿Te conté de Mar del Plata?
-No…
-Fui tan feliz en Mar del
Plata…iba todos los veranos con mis viejos. Tenía amigos y todo allá. Y a las
16 años conocí una chica… ¿Te vas a poner celosa? ¿No te molesta que te cuente?
-No…
-Se llamaba Clarita. Ese fue mi
primer amor. Nunca me contaste del tuyo.
-No tuve primeros amores, sólo me
enamore de la pintura.
-Bueno y al gordo Martín lo
conocí ahí, eso sí te dije ¿no?
-Sí, eso si…
-Mirá, ya estamos cerca.
-¿Nos sentamos un rato?
Se sientan cerca de los acantilados mirando el mar.
-Estoy desganada Mariano, ya no
se qué esperar de la vida. A veces siento que este no es mi lugar, pero que
tampoco hay un lugar para mí. Cuando me olvido de mi soy un poco feliz, como
cuando pinto.
-Eso quiere decir que yo no te
hago feliz...
-No es eso, es algo que te
trasciende. Vos me contenés un montón. Y sin vos seguro estaría en un lugar muy
diferente ahora. (Pasan unos segundos en
silencio) Tengo que confesarte algo.
-Decíme.
-¿Te acordás la semana pasada que
me sentía tan mal? Ay Mariano no sabía como decírtelo y sentí que no me ibas a
apoyar en este caso y yo no podía, no podía cargar con esto, iba a ser
demasiado y yo no estoy tan fuerte.
-No des vueltas Julia, decíme qué
hiciste.
-Prometéme que no te vas a
enojar, que vas a tratar de entenderme, de ponerte en mi situación. No me odies
Mariano te lo pido por favor, porque sino mi vida realmente no va a tener
ningún sentido y ni la pintura me va a ayudar a olvidarme de mí porque…
-¡Julia! ¡Basta de dar vueltas!
¿Qué cagada te mandaste? Ya me estás poniendo nervioso… ¡hablá! ¿Querés?
-Pero ves que ya te estás
irritando, justamente es eso lo que no necesito.
-¡Por Dios Julia, hablá de una
vez!
-Bueno, cuando fui al médico por
lo de la otras manchas en el otro brazo le conté que me estuve sintiendo mal,
que vomitaba y eso…Y él me dijo si no había pensado la opción de quizás estar
embarazada. Yo me reí en su cara prácticamente, pero después me quedé pensado.
Y Mariano, después hasta pensé que podía ser verdad.
-¿Y? ¿Te hiciste la prueba de
embarazo? Pero esto no es nada trágico, ¡tenemos que festejar Julia si es así!
-Pará, todavía no terminé…Me hice
la prueba, dio positivo.
-¡Ay Julia! ¡Vamos a ser padres!
Mariano la levanta a Julia, la abraza, llora, ríe.
-Pará Mariano. Estoy enferma, no
puedo tener un hijo en estas condiciones. Por eso aborté Mariano, aborté.
-¿Qué…?
Mariano queda en shock y tildado
por unos segundos.
-Espero que me entiendas, yo
nunca quise un hijo y además no tengo fuerzas para dar a luz, lo consulté con
el médico. Él también me dijo que era difícil en mi estado, que se podía, pero
que era difícil. Yo no puedo Mariano, y sabía que si te contaba a vos ibas a
ser lo posible para…
-¡Sos una desagradecida! ¡La vida
te bendice dándote las posibilidades para ser madre y vos hacés esto! ¿Cómo
pudiste? ¿CÓMO PUDISTE?
Mariano la zamarrea entre llanto y gritos. Están muy cerca del
acantilado y por ende, del precipicio.
-¡Pará Mariano! ¡Me das miedo! (grita entre llantos)
Julia se resbala.
-¡Julia!
Julia cae por el precipicio y todo pasa en un segundo.
-¡Julia! ¿Qué hice? ¿Qué hice?
Mariano se tira por el precipicio gritando el nombre de “Julia”. Unos
segundos después sólo se escucha el romper de las olas y el olor a mar se hace
más presente.
Elena Hasapov Aragonés
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