Apagó el motor y se quedó mirando el
horizonte, el cielo estaba de un color que le resultaba asqueroso, era el
crepúsculo, siempre le producía una melancolía desagradable. No creía que
Adriana quisiera bajar del coche, hacia un frio insoportable ese día, se estaba
tan bien con la calefacción. Pero evidentemente así era porque ya estaba
abriendo la puerta.
Ella temblaba levemente, por primera vez agradecía
el tiempo que hacia se había terminado el dialogo con Felipe porque hubiera
quedado expuesta hace tiempo. Desde antes de pedirle ir a las Grutas, algo
fuerte y oscuro le presionaba el pecho y estrangulaba la garganta.
Felipe no había preguntado demasiado cuando
Adriana le hizo el pedido. En parte fue por culpa, solo en ese momento había
caído en cuenta del mucho tiempo que hacía no salían. Y en cierto sentido era
desconsiderado... “Tengo que estar tanto tiempo en la empresa porque vamos a
necesitar la plata para la terapia” Felipe se mentía, se sedaba con esa frase.
Lo cierto es que ya no le gustaba estar en su casa, ver a Adriana deteriorarse.
No poder hacer nada. Prefería perder su optimismo así como su pesimismo en el
día a día. Sin horizontes. En una especie de limbo laboral.
Adriana se acerco hasta el borde del
acantilado mientras su cabello se desplegaba violentamente a causa del intenso viento, miro hacia abajo, las olas rompían con
fuerza. Aspiro profundamente y el olor
salado del mar lleno sus fosas nasales. Cerro sus ojos entregándose a él. “Hacia tanto tiempo…” pensó, también pensó en
desistir, en exprimir mas ese olor y las intensas caricias del viento, abrió
lentamente sus ojos y el color del horizonte alejo esos pensamientos y presiono
fuerte sobre su pecho.
Felipe se acerco a ella pero ya no pudo
mirar el horizonte, solo la gris piedra sobre la que caminaba. “ Tenemos que
hablar” ya se lo había dicho antes de salir de capital y se lo había repetido
media hora atrás solo a minutos de llegar a la cabaña. Para Felipe era una
advertencia más que una solicitud, venía haciendo las cosas mal.
-Siempre
quise captar este color pero nunca pude dar justo con el tono- Dijo ella sin
dejar de mirar el horizonte.
-Es el color
de una tristeza inmensa- Dijo él mirándola y pensando que aun era bella, lo
suficiente como para volver a enamorarlo como si fuera el primer día.
-A veces uno
quiere pintar eso-Le respondió mirándolo a los ojos a lo que Felipe volvió a
mirar el piso y decidió esperar, dejarla hablar a ella, que se desahogara.
-Ya no puedo mas Feli- sus nervios apretaron
algo mas su garganta cambiando el tono de su voz- Te pedí que viniéramos acá
porque creo que es justo terminar en el mismo lugar donde una vez nos
prometimos tantas cosas …¿te acordas?
-¿Terminar?...¿De
que hablas Adri?- Dijo mientras un miedo doloroso le aceleraba el corazón-
Claro que recuerdo todas las cosas que nos prometimos-trago saliva- y sé que no
lo respete. Prometimos escucharnos y sé
que es algo que no cumplí, sé que
estuviste sola.
-Seguís sin
escucharme amor, yo no puedo mas con nada- dijo Adriana suspirando y a un
pensamiento de quebrarse- Estoy podrida tanto por dentro como por fuera.
-No digas
eso Adri- dijo Felipe abrazándola- Todo va a salir bien- Sintió nauseas de lo
falso que eso había sonado…se pregunto si ella lo habría sentido de la misma
manera.
-No- dijo
ella soltándose- No solo hablo de esta puta enfermedad…yo…yo te engañe Felipe
-No
entiendo…
-Estuve con
otro hombre.
Para Felipe ese fue el ingrediente esencial
para producir toda una reacción química. El miedo se volvió bronca. Una bronca
que no tenia palabras, que no echaba culpas. A su vez esto se mezclaba con la
confusión.
-¿Qué?¿Cuándo?
¿Con quien?- Balbuceó.
-Eso ya no
importa, lo importante es que desde que nos conocimos dijimos mucho sobre lo
mucho que nos lastimaría una infidelidad…yo principalmente, Y no soporto mas
haber perdido asi mi integridad ni la hipocresía de seguir viva cuando ya hace
tiempo estoy muerta. Quiero que me mates, que me liberes de esta mentira.- Esta
ultima frase volvió a revolucionar los sentimientos de Felipe y su corazón
volví a latir al ritmo de un miedo desesperado.
-¿Pero que decís
Adri?¿Estas loca?- dijo tomándola por los hombros- Yo te puedo perdonar, yo sé
que parte es mi culpa… Yo hace tiempo que no estoy, que no veo, que no escucho.
Podemos intentarlo, todavía nos queda tiempo que disfrutar juntos
-Yo quisiera
pero ya no puedo ni dormir Felipe, menos aun sonreír. Esperaba que el contarte
esto acá te diera fuerzas para liberarme, yo sola no puedo. Ya estoy muerta
Feli, si no puedo decidir seguir con vida al menos quiero hacer de mi muerte
algo simbólico, algo sublime.
-De ninguna
manera, no me podes pedir eso, tendría que matarme yo también. Hace tiempo que
estoy metido en esta velocidad del laburo…no siento nada mas que
responsabilidades. Vos sos lo único que me recuerda que alguna vez sentí algo,
que fui una persona.
-Pero ¿No
entendes lo que hice? ¿No te das cuenta de que nunca mas me vas a poder mirar
como antes? La Adriana de aquellas épocas esta muerta, se suicido hace tiempo.-
Felipe aparto la mirada de ella, y dándole la espalda empieza a dirigirse hacia
el coche. El sabe que lo que ella le dice no es
del todo falso. ¿Como pudo?…eran tan únicos ¿Qué les había pasado?- No
importa Adriana… encontraremos la manera.
El ruido de las olas estrellándose contra
las rocas no logro eclipsar completamente el grito. Felipe no giro, perdió
fuerzas en sus piernas y cayo de rodillas. Fue entonces que esa luz crepuscular
se volvió llana oscuridad.
David Pérez
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