lunes, 13 de septiembre de 2010

La culpa


   Apagó el motor y se quedó mirando el horizonte, el cielo estaba de un color que le resultaba asqueroso, era el crepúsculo, siempre le producía una melancolía desagradable. No creía que Adriana quisiera bajar del coche, hacia un frio insoportable ese día, se estaba tan bien con la calefacción. Pero evidentemente así era porque ya estaba abriendo la puerta.
    Ella temblaba levemente, por primera vez agradecía el tiempo que hacia se había terminado el dialogo con Felipe porque hubiera quedado expuesta hace tiempo. Desde antes de pedirle ir a las Grutas, algo fuerte y oscuro le presionaba el pecho y estrangulaba la garganta.
   Felipe no había preguntado demasiado cuando Adriana le hizo el pedido. En parte fue por culpa, solo en ese momento había caído en cuenta del mucho tiempo que hacía no salían. Y en cierto sentido era desconsiderado... “Tengo que estar tanto tiempo en la empresa porque vamos a necesitar la plata para la terapia” Felipe se mentía, se sedaba con esa frase. Lo cierto es que ya no le gustaba estar en su casa, ver a Adriana deteriorarse. No poder hacer nada. Prefería perder su optimismo así como su pesimismo en el día a día. Sin horizontes. En una especie de limbo laboral.
   Adriana se acerco hasta el borde del acantilado mientras su cabello se desplegaba violentamente a causa del intenso  viento, miro hacia abajo, las olas rompían con fuerza. Aspiro profundamente y  el olor salado del mar lleno sus fosas nasales. Cerro sus ojos entregándose a él.  “Hacia tanto tiempo…” pensó, también pensó en desistir, en exprimir mas ese olor y las intensas caricias del viento, abrió lentamente sus ojos y el color del horizonte alejo esos pensamientos y presiono fuerte sobre su pecho.
   Felipe se acerco a ella pero ya no pudo mirar el horizonte, solo la gris piedra sobre la que caminaba. “ Tenemos que hablar” ya se lo había dicho antes de salir de capital y se lo había repetido media hora atrás solo a minutos de llegar a la cabaña. Para Felipe era una advertencia más que una solicitud, venía haciendo las cosas mal.
-Siempre quise captar este color pero nunca pude dar justo con el tono- Dijo ella sin dejar de mirar el horizonte.
-Es el color de una tristeza inmensa- Dijo él mirándola y pensando que aun era bella, lo suficiente como para volver a enamorarlo como si fuera el primer día.
-A veces uno quiere pintar eso-Le respondió mirándolo a los ojos a lo que Felipe volvió a mirar el piso y decidió esperar, dejarla hablar a ella, que se desahogara.
 -Ya no puedo mas Feli- sus nervios apretaron algo mas su garganta cambiando el tono de su voz- Te pedí que viniéramos acá porque creo que es justo terminar en el mismo lugar donde una vez nos prometimos tantas cosas …¿te acordas?
-¿Terminar?...¿De que hablas Adri?- Dijo mientras un miedo doloroso le aceleraba el corazón- Claro que recuerdo todas las cosas que nos prometimos-trago saliva- y sé que no lo respete. Prometimos  escucharnos y sé que  es algo que no cumplí, sé que estuviste sola.
-Seguís sin escucharme amor, yo no puedo mas con nada- dijo Adriana suspirando y a un pensamiento de quebrarse- Estoy podrida tanto por dentro como por fuera.
-No digas eso Adri- dijo Felipe abrazándola- Todo va a salir bien- Sintió nauseas de lo falso que eso había sonado…se pregunto si ella lo habría sentido de la misma manera.
-No- dijo ella soltándose- No solo hablo de esta puta enfermedad…yo…yo te engañe Felipe
-No entiendo…
-Estuve con otro hombre.
   Para Felipe ese fue el ingrediente esencial para producir toda una reacción química. El miedo se volvió bronca. Una bronca que no tenia palabras, que no echaba culpas. A su vez esto se mezclaba con la confusión.
-¿Qué?¿Cuándo? ¿Con quien?- Balbuceó.
-Eso ya no importa, lo importante es que desde que nos conocimos dijimos mucho sobre lo mucho que nos lastimaría una infidelidad…yo principalmente, Y no soporto mas haber perdido asi mi integridad ni la hipocresía de seguir viva cuando ya hace tiempo estoy muerta. Quiero que me mates, que me liberes de esta mentira.- Esta ultima frase volvió a revolucionar los sentimientos de Felipe y su corazón volví a latir al ritmo de un miedo desesperado.
-¿Pero que decís Adri?¿Estas loca?- dijo tomándola por los hombros- Yo te puedo perdonar, yo sé que parte es mi culpa… Yo hace tiempo que no estoy, que no veo, que no escucho. Podemos intentarlo, todavía nos queda tiempo que disfrutar juntos
-Yo quisiera pero ya no puedo ni dormir Felipe, menos aun sonreír. Esperaba que el contarte esto acá te diera fuerzas para liberarme, yo sola no puedo. Ya estoy muerta Feli, si no puedo decidir seguir con vida al menos quiero hacer de mi muerte algo simbólico, algo sublime.
-De ninguna manera, no me podes pedir eso, tendría que matarme yo también. Hace tiempo que estoy metido en esta velocidad del laburo…no siento nada mas que responsabilidades. Vos sos lo único que me recuerda que alguna vez sentí algo, que fui una persona.
-Pero ¿No entendes lo que hice? ¿No te das cuenta de que nunca mas me vas a poder mirar como antes? La Adriana de aquellas épocas esta muerta, se suicido hace tiempo.- Felipe aparto la mirada de ella, y dándole la espalda empieza a dirigirse hacia el coche. El sabe que lo que ella le dice no es  del todo falso. ¿Como pudo?…eran tan únicos ¿Qué les había pasado?- No importa Adriana… encontraremos la manera.
    El ruido de las olas estrellándose contra las rocas no logro eclipsar completamente el grito. Felipe no giro, perdió fuerzas en sus piernas y cayo de rodillas. Fue entonces que esa luz crepuscular se volvió llana oscuridad.

David Pérez

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