Al costado de sofá amarillo había un espejo enmarcado con un borde dorado con líneas entrecruzadas, y luego una gran ventana con vista a la calle dejaba entrar un rayo de sol que penetraba las cortinas traslucidas que cubrían la ventana. En el centro de la habitación una alfombra estilo persa con un tramado killim en los cuatro bordes tomaba el protagonismo del lugar. Por encima una pequeña mesa ratona de madera de cerezo, con vidrio arriba y abajo sostenía un jarrón francés vistiendo tres calas blancas. Varios cuadros pintados por Victoria decoraban las paredes blancas. Él estaba sentado en una mesa grande, con seis sillas, que nunca habían sentido el peso de más de cuatro personas, de algún que otro invitado.
- ¿Te vas a apurar? – preguntó él, leyendo la revista Brando.
- Ya voy, estoy buscando los aritos con perlas que me regaló mama pero no los puedo encontrar – la voz de Victoria desde el vestidor se perdía en una casa tan grande.
- Dale Victoria, nadie va a darse cuenta si los tenès o no, en cambio cuando esté la novia entrando al altar y nosotros aparezcamos atrás de ella, ahí sí, vamos a quedar como dos desubicados.
- Pero si falta un montón para que entre, aparte podemos entrar por un costado, nadie se va a dar cuenta si estamos o no, yo voy por Ana, lo importante es que pueda saludarla.
- ¿Por qué siempre tenemos que hacer todo al revés? ¿No podemos ser como los invitados normales y llegan con puntualidad? ¿Te querès apurar?
- Bueno ya va, ya estoy, no los encontré pero me puse estos de brillito que estaban a la vista. - Victoria entra en la habitación en la que estaba él, luciendo un vestido de seda violeta, un peinado recogido y en los ojos una sombra lila que le hacía resaltar el color verde de su mirada.
- ¿Llevas el regalo? – Pregunta él sin siquiera levantar la cabeza para saber si estaba vestida.
- Sí, también pensé en eso, le compré un juego de sábanas de seda y un acolchado de plumas en color verde pastel.
- ¿Y a dónde esta?
- Ya lo carguè en el baúl querido, hace una hora, mientras vos leías la revista, yo me encargaba de todas estas cosas.
- Bueno hablas de “estas cosas” como si fuera tanto lío cargar un acolchado en el baúl.
- No me refiero a eso, me refiero a que siempre me tengo que ocupar de todo.
- Bueno ya empezamos otra vez…
- No, no empezamos, nada más te explico por qué ahora no llego a tiempo a estar lista cuando vos ya lo estás.
Salen de la casa del barrio de Palermo rumbo al Chateau D’ Orsey, un salón de fiestas al aire libre. Suben al auto que estaba estacionado en la puerta que brillaba, recién lavado reflejando la luz sesgante del sol.
- ¿Agarro la autopista?
- No, mejor vamos por adentro.
- No se puede ir por adentro, vamos a agarrar todo el tránsito de los domingueros que van despacito y que no les importa nada más que su viajecito de domingo.
- Bueno anda por la autopista, pero no se que bajada será, después si nos pasamos no me eches la culpa.
- Está bien, pretender que me digas las cosas con exactitud sería mucho pedir. ¿Cuándo vas a entender que no podès manejarte por la vida con tanta incertidumbre? La espontaneidad sirve para algunas cosas, pero para la mayoría de las otras no. Se necesita un poco más de planificación. Baja un poquito a la tierra, dale hace un esfuerzo.
- Te estas poniendo pesado – Victoria enciende la radio y se escucha de fondo
Is This Love? de WhiteSnake. Casi sin pensar que va a pronunciar las siguientes palabras dice: - ¿Te acordàs? Pensar que hace siete años estábamos en ese bar y pasaban esta canción.
- Sí, me acuerdo que estaba tan fuerte que no podíamos charlar. Igual nos quedamos hasta las cinco de la mañana.
- Sí, estuvimos hablando horas sin parar, igual se me pasó volando, me encantaba escucharte, saber todo lo que podía de vos era lo que más deseaba en ese momento.
- Sí y yo de vos, de tu pasado, de tu familia. Que linda fue esa noche.
- Salida De Benedetti, debe ser esa. ¿No? – Victoria interrumpe como para cambiar de tema.
- Sí debe ser esa, el plano decía que era la salida para Martínez.
- ¿Cómo el plano? ¿Había un plano?
- Sí, pero lo dejè entre mis pinturas, no se, en que momento lo estaba leyendo, sonó el teléfono y lo olvidé.
- Es increíble, pareciera que haces fuerza para hacer todo mal. No es tan difícil Vicky.
- Lo se. Pero me llamó Laura y me dijo que quería hablar conmigo personalmente, que era muy importante pero no me quiso adelantar nada, así que me dejó muy preocupada. Seguí por la tercera después del puente y después hay que doblar a la izquierda en Azcuènaga.
- Tu amiga Laura siempre aparece para crear problemas, no le des bolilla, seguro tiene que contarte que algún ex compañero tuyo de la secundaria se arregló o peleó con fulanita. Siempre lo mismo, siempre hablando de los mismos temas hace diez años, no crecen más.
- Ahí está el Chateau. Que hermosura, parece soñado.
Él estaciona el auto en el parque del lugar. Baja rápido buscando el toilette. Victoria abre el baúl, saca el acolchado y las sábanas de seda, todo envuelto en papel metalizado y decorado con un moño rojo. De pronto ve llegar a Belén, su compañera de secundaria que hacía años que no veía, desde aquella fiesta que desató la crisis, con un flamante vestido plateado, zapatos haciendo juego, y dos aros colgantes de perlas. Inconfundible presentimiento, eran los mismos que le había regalado su mamà.
Lucìa Grasso
No hay comentarios:
Publicar un comentario