sábado, 18 de septiembre de 2010

Grupo 1 - sin consigna - La sábana puta - Nora Zicovich Wilson

NOTA: Este cuento no responde a ninguna consigna. Lo hice por la mía y mis compañeros y Laura hicieron muchos aportes y comentarios, a los que sigue abierto. ¡Gracias, chicos!


La sábana puta

― Yo no sé qué estamos haciendo, Nico, y a veces creo que no me respetás –dice ella, calzándose el pantalón.
― Pará… - dice él tranquilamente, sin levantarse, acodado en la almohada - ¿Por qué de pronto esa actitud, linda?
― No es de pronto, Nico, vengo pensándolo. Pasa que nunca te lo puedo decir porque… bueno, porque no hablamos. Ese es el problema. – se abrocha los botones sobre la pelvis, y Nico se queda mirando - ¿No ves? ¡Te estoy hablando y vos me mirás la concha! ¿No me podés tener un poco de respeto?
― Pero pará, mujer… Te tomás las cosas así… ¿Qué te pasa, de golpe, que estás así? Me quedé tildado, no te estaba mirando la concha. Vení, sentate. Vení acá..
― No.
― Ay, por Dios –la mira a los ojos - ¿Te podés sentar? ¿Un segundo?

         Ella resopla y, de mala gana, se sienta en la cama. Desengancha el corpiño de la mesita de luz, se lo pone y se lo abrocha en la espalda. Lo ve a él en la cama, con la sábana resbalando sobre sus caderas. Debajo de esa sábana puta percibe su desnudez. Ve su pecho, su abdomen plano y marcado, el camino de vello suave que ondula cuando él respira, el inicio del denso vello oscuro. Y la sábana puta, que tapa, pero nunca lo suficiente para que no siga calentándose con lo que sabe que hay justo debajo, tan sólo a una tela de distancia. Pero no puede seguir en esto.

― ¿Me podés decir qué te pasa? –pregunta él.
― Siento que… Mirá, nada. Siento que estamos cogiendo y nada más, y que a vos te importa tres carajos cualquier otra cosa de mí, y la verdad que no da.
― No es cierto… Me gustás vos. Me gusta coger con vos también. También. Pero me gusta, ponele… cuando fuimos al cine…
― Nico, nos echaron del cine. Y cinco minutos después estábamos cogiendo en el telo.
― Bueno, estábamos como a cuarenta minutos de acá, no me aguantaba.
― No es por el telo, Nico… Yo me estoy yendo a la mierda y vos seguís en la cama.

         Él sonríe, seductor.

― Estaba esperando que te arrepientas y vuelvas vos también.

         Por Dios, qué difícil es resistir esa sonrisa, esa mirada, que apenas ella se cubre algo, empieza a husmear debajo. Que basta que ella tenga ropa para que quiera desnudarla. Es difícil resistirlo, cuando ella también quiere desnudarlo a él, sacarle con los dientes esa sábana puta que lo cubre apenas y permitir que él la hunda de nuevo en la cama.

― Vos también me estás mirando a mí –sonríe Nico, y ella desvía la mirada, avergonzada -. Pero a mí me encanta que no me respetes.

         Nico empieza a acariciarle la espalda, y cuando se quiere dar cuenta, ya está desabrochándole el corpiño de nuevo.

― ¡No, basta, Nico!. Me gustás, es obvio que me gustás. Pero yo quiero otra cosa además de esto. No puede ser que no te interese lo que pienso, lo que siento... No me conocés, no sabés qué me gusta, qué no me gusta…
― Te gusto yo.
― ¡Basta con eso, basta! ¡Ay, Nico, es…! Es cualquiera esto.
― ¿Qué querés? ¿Ser mi novia?
― No, no quiero ser tu novia. Ni en pedo. Pero… no sé… que sepas qué estudio, por lo menos.
― ¿No estás estudiando sociología?
― No.

         Nico se ríe y se acuesta sobre la almohada. Los músculos de su abdomen se estiran –el camino de vello suave – y la sábana puta se baja un poco más. Encima más.

― Bueno, no sé… Vení y estudiamos anatomía.

         Irritada, se levanta y agarra su musculosa de abajo de la cama.

― Ah, no. Me estás tratando de pelotuda, vos. ¿Sabés qué? Dejá.

         Por primera vez, Nico resopla, algo irritado. Se sienta en la cama y la mira (el camino de vello de su abdomen se dobla el ombligo se oculta entre el pelo la sábana puta se baja). Agarra el paquete de cigarrillos y enciende uno.

― A ver, Laurita ¿me podés decir qué esperás de mí?
         Ya  es demasiado evidente.
― Primero, que no me digas Laurita.
― Ay, la puta madre. No se gana, con vos, ¿eh? Esa cosa que tienen las minas de que si están enojadas, el diminutivo es siempre despectivo. Puede ser cariñoso ¿sabés?
― Mirá, diciéndome “Laurita” me demostrás cualquier cosa menos cariño.
― ¿Qué te jode?
― Si no sabés por qué me jode, ya estamos mal.
         Exasperado, Nico corre la sábana de un manotazo (la puta madre), se levanta y le da la espalda, mirando por la ventana. Se queda en silencio un rato. Es difícil irse, viéndolo así. Ella empieza a repetirse que él no la respeta, que… Hay que repetirlo, hay que repetirlo porque si no, se queda. Él no la respeta. No la respeta para nada (por Dios, cómo se lo cogería de nuevo). Es evidente que no la respeta. No. No la respeta.         Nico se da vuelta y queda de frente a ella.
         Ay, por Dios. No la respeta no la respeta no la respeta no la respeta no la respeta.

― Bueno. Está bien, a ver – la mira él –. A ver, Laurita, contame qué te pasa.
― ¡Carajo, ves que no me escuchás? ¿Me vas a seguir diciendo Laurita?
― ¡Por favor, las minas! ¡Está bien! ¡Laura! La-u-ra ¿Está bien así?... ¿Por qué no volvés a la cama?…

         Se queda mirándolo a los ojos. Si lo mira a los ojos, todavía puede. Si no, vuelve a la cama. Y no quiere volver. Sí quiere, no debe volver. Está cargándose de bronca, para irse, con la mirada clavada en la sábana puta, que ahora está ahí, inútil la muy puta, pero ya no importa. La afrenta es tan alevosa que ya no puede quedarse de ninguna manera. Se despide mentalmente de los ojos negros, de su pecho, de su abdomen, del camino de vello suave que lo cubre, que baja y sube, del vello espeso que… mejor no mira más.
         Y se despide, sí, del mejor sexo de su vida. Pero, realmente, que se vaya a cagar.

― ¿Qué te pasa, ahora? Laura tampoco te gusta.
― No. Laura tampoco me gusta. –agarra la camisa de encima de la lámpara, lo mira por última vez y se despide- Chau, Nico.

         Cecilia recoge la cartera del piso y se va, dando un portazo.

2 comentarios:

Seminario La Narrativa de Ficción dijo...

Varias cosas, Nora. El texto parece responder a la consigna del objeto, aunque te hayas anticipado... "La sábana" condensa por momentos la tensión del relato. Quizás podrías jugar más con esto.
Trabajaría un poco más el final, aunque en esta versión queda claro que no caes en el lugar común.

Nora Zicovich Wilson dijo...

Gracias, Laura. No termino de entender muy bien el cómo de esto que me decís. Cómo jugar más con el tema de la sábana (es más, o mejor?) y de qué modo trabajar mejor el final. Qué es lo que no está funcionando? Gracias!

(igual no me tientes a que este sea el de la consigna, que me achancho y quiero escribir uno nuevo!)