jueves, 9 de septiembre de 2010


El ruido de las olas rompiendo contra las rocas se mezclaba con el silbido del viento sureño.
Caminó lentamente y se detuvo a unos metros del borde del acantilado. Le temblaban un poco las manos. El mar atormentado parecía un reflejo de la tormenta en su interior. Él caminaba distraídamente a unos pasos de ella.  
- El mar es más azul que el cielo- dijo ella de golpe. Él levantó la mirada, sobresaltado, y luego contestó: - No sé por qué te gusta tanto la costa. Siempre tanto viento, siempre fresco. En la cordillera nunca hay viento.
- El mar me hace sentir libre. Se pierde en el horizonte. El lago se termina en la otra orilla.
Él la miró.
- Las próximas vacaciones podemos ir a la cordillera.
- Las próximas vacaciones podés hacer lo que quieras.
Él ignoró su comentario, metió la mano en su bolsillo y miró la pantalla de su celular. Su mirada se detuvo en la alianza recientemente estrenada.
- ¿Ni para tu luna de miel dejás de pensar en el trabajo?
- Miré la hora, mi reloj no anda.
- Estás de vacaciones, no necesitás cumplir horarios.
- Es la costumbre.
Ella frenó y cruzó los brazos, mirando al horizonte. Quisiera que él se acerque, la abrace, la mime y la haga olvidar el resto del mundo. Pero se quedó ahí parado, a dos metros, o dos kilómetros, lo mismo.
- ¿Estás ahí?
- Claro que estoy, ¿dónde voy a estar si no?
- No sé, ¿cómo podría saberlo? A veces no lo sé. Últimamente no sé nunca dónde estás.
- Estoy acá, en la costa, como vos querías. Deberías estar contenta.
- Preferiría estar en mi altillo pintando esta escena, así podría pintarla a mi gusto.
-¿A tu gusto? Vos quisiste venir acá.
- Si hubiera sabido que iba a ser tanto problema no lo hubiera sugerido. Parecés un nene caprichoso.
-Quisiera ser un nene caprichoso- pensó él. Y no estar acá, y no pensar en los resultados de los estudios…
- No sé qué hacer Vero, no sé qué querés.
- Quiero que hagas algo. Quiero que sepas qué hacer.
Él se alejó un poco, con expresión frustrada.
- ¿Vamos volviendo a la cabaña?
- Estoy bien acá, ¿no me ves?
- Te estoy mirando.
- Pero no me ves. Como siempre, me mirás pero no me ves. Pensás que sabés qué es bueno para mí, pero no.
- Quiero que estés bien, quiero que esté todo bien, pero eso no lo puedo hacer.
Ella avanzó hacia el acantilado.
- Alejate del borde que te podés caer.
- Si me caigo, puede que caer sea mi destino- lo miró significativamente, pero dio la vuelta y caminó hacia él. Él esquivó su mirada con gesto de dolor.

Bárbara Bonfili

1 comentario:

Clarita dijo...

Me gustaron mucho los diálogos!
La tensión está lograda.
Solo me quedé con ganas del final trágico, que se anuncia de alguna u otra manera pero que no llegó.
Beso,
Clarita