El ruido de las olas rompiendo
contra las rocas se mezclaba con el silbido del viento sureño.
Caminó lentamente y se detuvo a unos
metros del borde del acantilado. Le temblaban un poco las manos. El mar
atormentado parecía un reflejo de la tormenta en su interior. Él caminaba
distraídamente a unos pasos de ella.
- El mar es más azul que el cielo-
dijo ella de golpe. Él levantó la mirada, sobresaltado, y luego contestó: - No
sé por qué te gusta tanto la costa. Siempre tanto viento, siempre fresco. En la
cordillera nunca hay viento.
- El mar me hace sentir libre. Se
pierde en el horizonte. El lago se termina en la otra orilla.
Él la miró.
- Las próximas vacaciones podemos ir
a la cordillera.
- Las próximas vacaciones podés
hacer lo que quieras.
Él ignoró su comentario, metió la
mano en su bolsillo y miró la pantalla de su celular. Su mirada se detuvo en la
alianza recientemente estrenada.
- ¿Ni para tu luna de miel dejás de
pensar en el trabajo?
- Miré la hora, mi reloj no anda.
- Estás de vacaciones, no necesitás
cumplir horarios.
- Es la costumbre.
Ella frenó y cruzó los brazos,
mirando al horizonte. Quisiera que él se acerque, la abrace, la mime y la haga
olvidar el resto del mundo. Pero se quedó ahí parado, a dos metros, o dos
kilómetros, lo mismo.
- ¿Estás ahí?
- Claro que estoy, ¿dónde voy a
estar si no?
- No sé, ¿cómo podría saberlo? A
veces no lo sé. Últimamente no sé nunca dónde estás.
- Estoy acá, en la costa, como vos
querías. Deberías estar contenta.
- Preferiría estar en mi altillo
pintando esta escena, así podría pintarla a mi gusto.
-¿A tu gusto? Vos quisiste venir
acá.
- Si hubiera sabido que iba a ser
tanto problema no lo hubiera sugerido. Parecés un nene caprichoso.
-Quisiera ser un nene caprichoso-
pensó él. Y no estar acá, y no pensar en los resultados de los estudios…
- No sé qué hacer Vero, no sé qué
querés.
- Quiero que hagas algo. Quiero que
sepas qué hacer.
Él se alejó un poco, con expresión
frustrada.
- ¿Vamos volviendo a la cabaña?
- Estoy bien acá, ¿no me ves?
- Te estoy mirando.
- Pero no me ves. Como siempre, me
mirás pero no me ves. Pensás que sabés qué es bueno para mí, pero no.
- Quiero que estés bien, quiero que
esté todo bien, pero eso no lo puedo hacer.
Ella avanzó hacia el acantilado.
- Alejate del borde que te podés
caer.
- Si me caigo, puede que caer sea mi
destino- lo miró significativamente, pero dio la vuelta y caminó hacia él. Él
esquivó su mirada con gesto de dolor.
1 comentario:
Me gustaron mucho los diálogos!
La tensión está lograda.
Solo me quedé con ganas del final trágico, que se anuncia de alguna u otra manera pero que no llegó.
Beso,
Clarita
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