Al retirarse las aguas, después
de la crecida, pueden encontrarse
animales muertos, pedazos de árboles, rocas inmensas, pedazos de casas,
bicicletas y todo tipo de pertenencias ajenas.
Como una diversión de niñas
salíamos con mis hermanas a recorrer para ver quién encontraba el tesoro más
preciado. A través de los años hemos encontrado los más diversos y
sorprendentes objetos: fotos, zapatos, libros, el perro del vecino, etc.
El verano de 1958 encontré lo más
maravilloso que puede encontrar una niña, encontré un pora que había traído la
corriente. Quedé extasiada, no sabía qué hacer, no me salían las palabras. Mis
hermanas estaban como a 300
metros de mí cuando lo encontré. Quise gritarles pero no
salió ningún sonido de mi garganta. Aquella criatura era perfecta: tenía pies,
manos, cabeza y pelos por doquier; sus ojos estaban como cerrados: claramente
estaba dormido: era como un niño acurrucado en sí mismo. Me quité el pañuelo lo
coloqué dentro con mucho cuidado y me lo até a la cintura y me regresé a casa.
Estuve callada toda la cena
pensando qué iba hacer con mi pora, si debía ponerle nombre o sin más si debía
liberarlo. Cada espíritu de la naturaleza tiene su esencia y su poder, yo debía
descubrir cuál era el de mi pora, eso me tenía fascinada.
Durante la cena ese día mis
hermanas hablaban que habían encontrado la cabeza de una muñeca de porcelana
intacta a la que le harían el cuerpo de tela. Quisieron saber que me había
traído yo en el pañuelo y no dije nada…me fui a la cocina con la abuela, me
paré al lado de ella un rato hasta que largué todo de golpe.
-Abuela, tengo un pora en el
cuarto-le dije bajito-, pero no le digás a las chicas porque lo van a lastimar.
Mi abuela me miró muy sorprendida,
apenas hizo una leve sonrisa, se limpió las manos en el delantal y me acarició
la frente.
-¿y vos, cómo sabés que es un
pora lo que tenés ahí?
-Te lo voy a mostrar después de
comer si me ayudas a descubrir cuál su magia.
-Acepto- dijo ella.
Volvimos a la mesa a comer
naranjas con nuestro secreto en lo ojos y una risita cómplice.
Luego de comer la abuela vino al
cuarto, la abuela y yo compartíamos habitación y antes de dormir nos peinábamos
y nos hacíamos una trenza con telitas de colores.
La abuela se sentó en la cama y
sin decir nada fui por él. Lo tenía debajo de mi cama en un canasto, todavía
envuelto en la pañoleta.
Lo puse en su falda y lo
desenvolví: mi abuela se tapó la boca y ahogó un grito.
-¡Dios mío, Irupé dónde
encontraste eso!
-Debajo de los sauces abuela, no te
asustes, no hace nada, solo duerme hasta que yo descubra cuál es su magia: ¿no
es así? vos me contaste de los poras abuela.
Le duró un rato largo el asombro
a la abuela, luego nos pusimos a peinar y charlamos sobre el pora y cuál sería
su destino.
Antes de descubrir qué iba a
hacer con él debía llevarlo a la escuela para que lo vieran otros niños, eso
era algo nunca visto. A la abuela le pareció una buena idea y me hizo un morral
para que lleve mi pora a la escuela, esa noche nos quedamos dormidos en la cama
de la abuela el pora y yo. Me gustaba dormir con mi abuela porque ella se
perfumaba el pecho con hojas frescas de limón.
Al otro día fui a la escuela muy
contenta con mi pora, se lo mostré a mis compañeros: no todos estaban muy
sorprendidos, muchos me acusaban de haber llevado una mandioca con forma humana
a la escuela para burlarme de ellos. Otros llamaban a niños de otros grados
para que vengan a verlo.
-No hace nada- me dijo uno -pero
es increíble.
-¡Cómo que no hace nada, está
dormido soñando con su magia hasta que despierte!- Le contesté muy sabia.
En el patio se armó un gran círculo
de chicos de todas las edades queriendo ver a la criatura. Todos querían
tocarlo, yo le susurraba cosas al oído que ya no recuerdo.
Ese día regresé a casa muy
satisfecha, mi abuela me preguntó cómo me había ido y le conté que yo estaba
feliz por el interés de todos en conocer a un pora: cosa nunca o casi nunca
vista y sobre todo a veces temida por gente ignorante.
Esa noche vino el tío de un
vecino a querer ver el pora. Mi abuela discutió un rato largo con el hombre
hasta que éste insistió tanto que mi abuela me pidió si se lo podía mostrar. Yo
al hombre lo conocía, era el tío de un compañerito, era el cura del pueblo. El
hombre vio el pora y empezó a rezar. Mejor dicho empezó a rezarle al pora.
-¡Es una aparición Gervasia, es
una aparición de nuestra señora!
-¡Es un pora!- Empecé a gritar
-¡Qué su nieta
no blasfeme Gervasia!
-¡No sé que ve usté ahí señor
pero acá no hay ninguna virgen!
-¡Es la imagen perfecta de
Nuestra Señora de Caá Cupé! ¡Es un milagro y tiene que estar en la iglesia! ¡Me
la tengo llevar!- Mientras decía esto el hombre encaraba para la puerta, mi
abuela forcejeaba con él tironeando del pora, yo gritaba desesperada por que se
iba a lastimar, el cura se le zafó a mi abuela y yo lo corrí, me agarré tan
fuerte de su sotana que se rompió y le asomó como una enagua de abajo. Ante su
estupor soltó al pora y yo lo agarré pero el fue hábil y volvimos a forcejear.
Atiné a morderle la mano para que largue y sin querer le dí un mordisco al
pora, el pedacito cayó al piso y el cura salió corriendo con el resto.
-¡Abuela, no!- Gritaba yo
despavorida, mientras regresaba adentro
de la casa,
- ¡Mordí al pora, se va a morir y
el cura dice que es una virgencita! ¡Es
un ignorante!
Todo se volvió llanto esa noche.
Estaba convencida que el pora iba a morir y que el cura era el culpable de todo pero el
mordisco había sido mío y eso era terrible. Mi abuela me abrazó hasta que me
quedé dormida con el puño apretando el pedacito de pora y en mi último instante
de vigilia logré escuchar que me decía en guaraní que su verdadera magia se
despertaba debajo de la tierra y que ese pedacito que yo tenía todavía estaba
vivo y listo para despertar.
Al otro día me
levanté muy temprano con el puño aún apretado. Fui directo afuera, hice un pozo
y sembré aquello que para mí era una criatura sobrenatural, estaba muy segura
de lo que estaba haciendo, a su lado enterré mi pañoleta y la cabeza de muñeca
que habían encontrado mis hermanas.
3 comentarios:
chicos, quise resolver lo de las mayúsculas pero me las sigue poniendo, si alguien sabe cómo quitarlas...no me doy cuenta que es lo que estoy haciendo mal.
No puedo ayudarte, Paola. Apenas si logro leer sus textos y escribir comentarios. Ja ja !
Laura
Paola, no quites las mayúsculas, al menos las del último párrafo. Yo creo que, por casualidad o no, quedan perfectas. ¡ES MI PORA, Y NO ES NINGUNA VIRGEN! ¡IGNORANTES!
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