martes, 9 de noviembre de 2010

Mandió ypy y la Virgencita de Caá Cupé-TP 4- Objeto


Al retirarse las aguas, después de la crecida,  pueden encontrarse animales muertos, pedazos de árboles, rocas inmensas, pedazos de casas, bicicletas y todo tipo de pertenencias ajenas.
Como una diversión de niñas salíamos con mis hermanas a recorrer para ver quién encontraba el tesoro más preciado. A través de los años hemos encontrado los más diversos y sorprendentes objetos: fotos, zapatos, libros, el perro del vecino, etc.
El verano de 1958 encontré lo más maravilloso que puede encontrar una niña, encontré un pora que había traído la corriente. Quedé extasiada, no sabía qué hacer, no me salían las palabras. Mis hermanas estaban como a 300 metros de mí cuando lo encontré. Quise gritarles pero no salió ningún sonido de mi garganta. Aquella criatura era perfecta: tenía pies, manos, cabeza y pelos por doquier; sus ojos estaban como cerrados: claramente estaba dormido: era como un niño acurrucado en sí mismo. Me quité el pañuelo lo coloqué dentro con mucho cuidado y me lo até a la cintura y me regresé a casa.
Estuve callada toda la cena pensando qué iba hacer con mi pora, si debía ponerle nombre o sin más si debía liberarlo. Cada espíritu de la naturaleza tiene su esencia y su poder, yo debía descubrir cuál era el de mi pora, eso me tenía fascinada.
Durante la cena ese día mis hermanas hablaban que habían encontrado la cabeza de una muñeca de porcelana intacta a la que le harían el cuerpo de tela. Quisieron saber que me había traído yo en el pañuelo y no dije nada…me fui a la cocina con la abuela, me paré al lado de ella un rato hasta que largué todo de golpe.
-Abuela, tengo un pora en el cuarto-le dije bajito-, pero no le digás a las chicas porque lo van a lastimar.
Mi abuela me miró muy sorprendida, apenas hizo una leve sonrisa, se limpió las manos en el delantal y me acarició la frente.
-¿y vos, cómo sabés que es un pora lo que tenés ahí?
-Te lo voy a mostrar después de comer si me ayudas a descubrir cuál su magia.
-Acepto- dijo ella.
Volvimos a la mesa a comer naranjas con nuestro secreto en lo ojos y una risita cómplice.
Luego de comer la abuela vino al cuarto, la abuela y yo compartíamos habitación y antes de dormir nos peinábamos y nos hacíamos una trenza con telitas de colores.
La abuela se sentó en la cama y sin decir nada fui por él. Lo tenía debajo de mi cama en un canasto, todavía envuelto en la pañoleta.
Lo puse en su falda y lo desenvolví: mi abuela se tapó la boca y ahogó un grito.
-¡Dios mío, Irupé dónde encontraste eso!
-Debajo de los sauces abuela, no te asustes, no hace nada, solo duerme hasta que yo descubra cuál es su magia: ¿no es así? vos me contaste de los poras abuela.
Le duró un rato largo el asombro a la abuela, luego nos pusimos a peinar y charlamos sobre el pora y cuál sería su destino.
Antes de descubrir qué iba a hacer con él debía llevarlo a la escuela para que lo vieran otros niños, eso era algo nunca visto. A la abuela le pareció una buena idea y me hizo un morral para que lleve mi pora a la escuela, esa noche nos quedamos dormidos en la cama de la abuela el pora y yo. Me gustaba dormir con mi abuela porque ella se perfumaba el pecho con hojas frescas de limón.

Al otro día fui a la escuela muy contenta con mi pora, se lo mostré a mis compañeros: no todos estaban muy sorprendidos, muchos me acusaban de haber llevado una mandioca con forma humana a la escuela para burlarme de ellos. Otros llamaban a niños de otros grados para que vengan a verlo.
-No hace nada- me dijo uno -pero es increíble.
-¡Cómo que no hace nada, está dormido soñando con su magia hasta que despierte!- Le contesté muy sabia.
En el patio se armó un gran círculo de chicos de todas las edades queriendo ver a la criatura. Todos querían tocarlo, yo le susurraba cosas al oído que ya no recuerdo.
Ese día regresé a casa muy satisfecha, mi abuela me preguntó cómo me había ido y le conté que yo estaba feliz por el interés de todos en conocer a un pora: cosa nunca o casi nunca vista y sobre todo a veces temida por gente ignorante.
Esa noche vino el tío de un vecino a querer ver el pora. Mi abuela discutió un rato largo con el hombre hasta que éste insistió tanto que mi abuela me pidió si se lo podía mostrar. Yo al hombre lo conocía, era el tío de un compañerito, era el cura del pueblo. El hombre vio el pora y empezó a rezar. Mejor dicho empezó a rezarle al pora.
-¡Es una aparición Gervasia, es una aparición de nuestra señora!
-¡Es un pora!- Empecé a gritar
-¡Qué su nieta no blasfeme Gervasia!
-¡No sé que ve usté ahí señor pero acá no hay ninguna virgen!
-¡Es la imagen perfecta de Nuestra Señora de Caá Cupé! ¡Es un milagro y tiene que estar en la iglesia! ¡Me la tengo llevar!- Mientras decía esto el hombre encaraba para la puerta, mi abuela forcejeaba con él tironeando del pora, yo gritaba desesperada por que se iba a lastimar, el cura se le zafó a mi abuela y yo lo corrí, me agarré tan fuerte de su sotana que se rompió y le asomó como una enagua de abajo. Ante su estupor soltó al pora y yo lo agarré pero el fue hábil y volvimos a forcejear. Atiné a morderle la mano para que largue y sin querer le dí un mordisco al pora, el pedacito cayó al piso y el cura salió corriendo con el resto.
-¡Abuela, no!- Gritaba yo despavorida, mientras regresaba  adentro de la casa,
- ¡Mordí al pora, se va a morir y el cura dice que es una virgencita!  ¡Es un ignorante!
Todo se volvió llanto esa noche. Estaba convencida que el pora iba a morir y  que el cura era el culpable de todo pero el mordisco había sido mío y eso era terrible. Mi abuela me abrazó hasta que me quedé dormida con el puño apretando el pedacito de pora y en mi último instante de vigilia logré escuchar que me decía en guaraní que su verdadera magia se despertaba debajo de la tierra y que ese pedacito que yo tenía todavía estaba vivo y listo para despertar.

Al otro día me levanté muy temprano con el puño aún apretado. Fui directo afuera, hice un pozo y sembré aquello que para mí era una criatura sobrenatural, estaba muy segura de lo que estaba haciendo, a su lado enterré mi pañoleta y la cabeza de muñeca que habían encontrado mis hermanas.

Meses después Mandió ypy  germinó y conocimos su magia.

 

Hoy día la otra parte de Mandió ypy  sigue en la capilla para niños de Caá Cupé donde los pequeños feligreses la adoran creyendo que es la virgencita. Pero no es otro que mi pora querido que vino dormido en la crecida y que aguarda su despertar debajo de una tierra fértil.

  

3 comentarios:

Anónimo dijo...

chicos, quise resolver lo de las mayúsculas pero me las sigue poniendo, si alguien sabe cómo quitarlas...no me doy cuenta que es lo que estoy haciendo mal.

Anónimo dijo...

No puedo ayudarte, Paola. Apenas si logro leer sus textos y escribir comentarios. Ja ja !
Laura

Anónimo dijo...

Paola, no quites las mayúsculas, al menos las del último párrafo. Yo creo que, por casualidad o no, quedan perfectas. ¡ES MI PORA, Y NO ES NINGUNA VIRGEN! ¡IGNORANTES!