jueves, 25 de noviembre de 2010

Daniela

La narrativa de ficción                                             Comisión 1 Cátedra Klein
Profesora:  Irene Klein
 Alumno: David Pérez                                             Trabajo practico Nº 7

Consigna:  trabajar la temporalidad del relato (  completo o  parte del mismo) que envío (de Silvia Molloy, Varia imaginación) como adjjunto ( también quedó en lo de César):
alterar el orden de las acciones ( iniciarlo desde el final) , incluir pausas descriptivas, analepsis, escenas para  transformar la linealidad de este relato y resignificar la historia y de esta manera ofrecer a los lectores nuevas posibilidades de interpretación.
  
   Baje el antifaz y me vi rodeado por una oscuridad privada. Absolutamente mía. Pensé en soñar, en agilizar el viaje. Intente empezar a reconstruir alguno de mis clásicos sueños agradables, para dejar luego que mi inconsciente hiciera el resto, pero sin embargo no me sentía cansado. Fue entonces que no encontrando nada que poder soñar y sin desearlo empecé a recordar el por qué de la extraña circunstancia en la que me encontraba. El por qué de viajar a Buenos Aires.
    Hacia solo unos días se cumplía la segunda semana que Daniela, mi madre, estaba en cama. Fue por lo corto de la charla con el doctor que me di cuenta de lo que sucedía. Ya no había mucho que hacer, no había indicaciones ni recetas nuevas. Daniela no iba a levantarse para ponerse bien.
   Ni bien ella cayó en cama, contraté una enfermera. Luisa se encargaba de que ella estuviera bien y tuviera todo lo que necesitaba. Y si… como Daniela me reclamaba, yo podría haber pedido unos días en el trabajo y no tener que “meter una extraña” en casa. Cuando aún vivía con ella, recuerdo que siempre se rehusó a contratar una mucama. Si bien el dinero abundaba y la casa era un desastre, porque Daniela estaba todo el día trabajando,  ella nunca había querido contratar a nadie que le ayudara con los quehaceres domésticos . Yo tenia bien claro el perfil psicológico de Daniela, a veces me enroscaba mas aun y encontraba relaciones que fortalecían ese perfil imaginado. El lema tácito de Daniela era “yo puedo sola”. A veces pienso que papá tal vez murió tempranamente por ese deseo de Daniela de lograr todo sin ayuda de nadie. Si bien sabia tan poco de el…tal vez ella pensaba que no lo necesitaba…que con su figura maternal me era suficiente…pero no era así. Siempre se lo había reclamado, saber más de papá. Pero nunca nada concreto, ninguna anécdota, solo datos sueltos y críticas, muchísimas criticas.
 Interrumpí a Luisa, quien miraba televisión en la cocina, para avisarle que ya se había marchado el doctor y podía prepararle la cena a Daniela. Subí las escaleras para despedirme. Era algo que me hubiera gustado poderme ahorrar. Simplemente despedirme con un grito de “chau” desde la puerta. Siempre había recriminación en la mirada de Daniela. Especialmente a la hora de la despedida.  Entre en la habitación y ella lentamente abrió los ojos.
-No sé para que sigue viniendo-  la ultima palabra escapó rápido de su boca para verse seguida por una tos seca.
-Está intentando ayudarte…un poco de fe Daniela…un poco de fe…-esa noche no tenia ánimos para ello, reponer esperanzas sin tenerlas no era algo que me saliera bien.
- El de la fe era tu padre, ya ves lo poco que yo ayudo- apreté los puños- yo sin embargo siempre luche desde lo que podía ver y sentir…sé que no voy a estar mucho más acá.- Me senté en un sillón ubicado en un rincón de la habitación, buscando las palabras indicadas pero al no encontrarlas me limite a mirarla.- Sé que me guardas rencor por no haberte podido dar un padre…ya sea los recuerdos del que tenias o uno nuevo.
-Hiciste lo que pudiste Daniela…yo no te culpo.
-Lo que pude… sin embargo aunque te parezca extraño nunca pude dejar ir a tu padre- sus ojos se empezaron a humedecer.- Por eso nunca pude darte uno nuevo…quiero pedirte un favor, el último y más importante, quiero que vuelvas a Buenos Aires y vendas nuestro viejo departamento. Ese departamento representa otra vida para mi y quiero llevármela conmigo también.
-Basta de posdatas Daniela, te vas a poner bien- la bese en la frente –nos vemos mañana ¿si?
Daniela no respondió, se limitó a mirarme. El llamado de Luisa, horas después, en medio de la noche, no me sorprendió.
   Me desperté sobresaltado ante la mirada de la azafata y sintiéndome desorientado, estaba en casa. 
   Abrí la puerta, aunque no sin tener que forzarla un poco. Daniela, no había mandado a nadie a limpiar ese lugar en los diez años que no estuvimos. El olor a humedad me llego con la fuerza de una cachetada. Recuerdos vagos, mínimos, imágenes. Mientras recorría los cuartos haces de recuerdos relampagueaban  en mi cabeza. Mi cuarto, el de ellos, y finalmente lo que mas curiosidad me generaba, el estudio de papá. La caja fuerte estaba sin el correspondiente cuadro ocultándola, por lo que inmediatamente me llamó la atención y captó mi curiosidad. La puertecilla estaba entreabierta. Empecé a pasar rápidamente hojas… algunos documentos de importancia dudosa . No leí nada en extensión, solo lo suficiente como para identificar mínimamente que era. Volví la mirada hacia la caja fuerte y note que bajo ese montón de documentos había un fajo de cartas. Cartas de mi padre. Las leí vorazmente imaginándome una temprana relación entre  él y Daniela. Poco a poco las frases empezaron a hacer ruido.     Referencias a encuentros breves, dificultosos. La imagen de lo prohibido. Deje caer las cartas mientras esperaba que ese dolor en el pecho se volviera llanto, un grito…pero que saliera de mi pecho. Mientras cerraba la puerta del departamento un par de lágrimas cayeron pensando en Daniela…pensando en mamá. 
      

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