jueves, 4 de noviembre de 2010

Retratos


-Pareciera estar viva…muy buena foto- La mujer de unos cuarenta años intercambiaba miradas entre la foto, el formulario y Juan.- Bueno, sabes la fecha y donde se publican los resultados ¿no?
-Asi es- le respondió ansioso- ¿Ya esta?
-Listo, mucha suerte- le dijo sonriendo.
-Gracias- respondió Juan devolviendo la sonrisa . Mientras salía del edificio nuevamente a la calle suspiro aliviado. Era el primer concurso en el que participaba, no tenia demasiadas expectativas pero se auto felicitaba por haber juntado el coraje de participar. Claro, que mucho debía a la presión de sus amistades, pero siendo que no era de su intención hacer de la fotografía mas que un hobbie, tenía merito el haberse expuesto de esa manera.
   Bajo del colectivo y rápidamente encaro hacia el Jardín Botánico, mientras sacaba su cámara de la mochila y la colgaba de su cuello. La ultima vez que había estado allí, se había perdido de retratar una extraña interacción entre gatos estando afuera, por lo cual había decidido estar listo ni bien cruzaba Santa Fe. Al pasar por el portón, saludó al guardia de la entrada. Hacia casi un año que visitaba el jardín con asiduidad para sacar fotos.
Caminó cada sendero mirando cuidadosamente y buscando aquello que mereciera la pena ser retratado. Desde que había llegado a capital federal había visitado el jardín con diversos fines, mates con amigos, con la novia de turno o simplemente para liberar algo del estrés que la facultad y el trabajo le generaban.
   Recorrido el jardín en su totalidad y habiendo sacado un par de fotos, se sentó delante de unas de las fuentes del jardín. Sin embargo para Juan esa era “la” fuente. En medio de ella rodeada de plantas acuáticas flotantes estaba su musa. La estatua a la que había sacado montones de fotos. El punto de obsesión era tal que tiempo atrás había decidido nombrarla Florencia. A veces charlaba con ella, le contaba sobre sus problemas, una pobre excusa de catarsis, pero era inevitable dado la familiaridad que cada parte del jardín habían ganado para él. No era tarde, pero sin embargo al ser pleno invierno, el firmamento ya se tornaba de un azul oscuro. Guardo su cámara en la mochila y empezó el recorrido hacia su cercano departamento.
   Sorpresivamente en el camino se cruzo con Cristian quien iba cargando una mochila. Brevemente, Cristian le explico que esa noche no iba a estar en el departamento porque su novia lo había invitado a pasar la noche con ella. Pensando en lo afortunado que Cristian era y en veladas propias que ya se hacían lejanas en el tiempo, fue que Juan llego a su departamento.
   La vio desde el principio de la cuadra, pero fue recién al llegar a la entrada del departamento que el extrañamiento fue total. Una mujer con sus hombros desnudos y cubierta aparentemente solo con una manta se hallaba sentada en la entrada del edificio. Ya estaba poniendo la llave en la cerradura, cuando fue la mirada persistente de la mujer y el coraje acumulado lo que lo llevaron a preguntar
-¿Estas bien?- Impávida la mujer le sostuvo la mirada.- ¿Te paso algo? ¿Te robaron?
La mujer se puso de pie y se paro delante de Juan mirándolo directamente a los ojos, una sonrisa empezó a dibujarse en su rostro y tras un pestañeo, lagrimas empezaron a asomar por la cornisa de sus ojos. Juan emitió un par de preguntas mas pero una idea apareció con fuerza en su cabeza “Está en shock”.
-Se esta haciendo de noche ¿Quéres pasar? ¿Necesitas llamar a alguien?
Por primera vez, la mujer pareció entender lo que Juan le decía y asintió con su cabeza. Juan abrió la puerta y fue cuando la mujer estuvo dentro que el miedo empezó a colarse en su ser. Intento acallarlo decidiendo que la posibilidad que de que cosas malas pudieran pasarle no debía disuadirlo de hacer lo correcto. Una vez dentro, la mujer lo siguió obedientemente y permaneciendo en profundo silencio.
Entraron al departamento y Juan se apuró a juntar un par de prendas de vestir y platos sucios que estaban desubicados en el living comedor. Mas allá de la situación extraordinaria, seguía siendo una mujer en el departamento.
-Ahí esta el teléfono, no te preocupes y llama tranquila, habla el tiempo que necesites- Ningún signo de respuesta, la mujer se atenía a mirarlo fijamente. Juan estaba por ofrecerle algo de tomar cuando la mujer dejo caer la sabana al suelo, quedando completamente desnuda delante de el. Juan solo atino a retroceder un paso pero sin poder dejar de mirar la figura perfecta de ella. La mujer empezó a avanzar hacia el con una sonrisa que rebozaba de una dulzura que Juan ni siquiera había visto en el rostro de sus ex novias. Cuando sus labios tocaron los de Juan, este inmediatamente olvidó todos sus miedos y rodeándola con sus brazos situó sus manos en su pequeña espalda sintiendo el agradable contacto de su tersa piel.
   No hubo usa sola palabra en el resto de la noche, solo la fusión de dos seres que parecían desearse con suma intensidad.
  Juan despertó con la claridad de la mañana y para sorpresa suya en soledad. Podría haber pensado que había sido un sueño, si no fuera por la manta blanca que aun reposaba sobre el suelo del comedor. Levanto la manta y poniéndola sobre su rostro intento sentir el aroma de ella, pero no logró encontrarlo.
   Desayunó tranquilamente y decidió dirigirse al jardín Botánico para seguir intentando dilucidar que es lo que había sucedido la noche anterior. El guardia lo siguió con la mirada buscando el clásico saludo, pero Juan estaba demasiado sumido en sus pensamientos como para notarlo. Se sentó en el clásico banco frente a la fuente, e inmediatamente notó la diferencia sin poderla precisar con claridad. Algo había de diferente en Florencia. La hipótesis martilló su cabeza junto con el miedo de estar perdiendo la cordura. Miedo que se acentuó momentos después, intentando desacelerar su respiración mientras miraba la foto en la que Florencia sostenía claramente una manta que colgaba de una de sus manos.
                                                                                                                              David Pérez

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