-Pareciera
estar viva…muy buena foto- La mujer de unos cuarenta años
intercambiaba miradas entre la foto, el formulario y Juan.- Bueno,
sabes la fecha y donde se publican los resultados ¿no?
-Asi
es- le respondió ansioso- ¿Ya esta?
-Listo,
mucha suerte- le dijo sonriendo.
-Gracias-
respondió Juan devolviendo la sonrisa . Mientras salía del edificio
nuevamente a la calle suspiro aliviado. Era el primer concurso en el
que participaba, no tenia demasiadas expectativas pero se auto
felicitaba por haber juntado el coraje de participar. Claro, que
mucho debía a la presión de sus amistades, pero siendo que no era
de su intención hacer de la fotografía mas que un hobbie, tenía
merito el haberse expuesto de esa manera.
Bajo del colectivo y rápidamente encaro hacia el Jardín Botánico,
mientras sacaba su cámara de la mochila y la colgaba de su cuello.
La ultima vez que había estado allí, se había perdido de retratar
una extraña interacción entre gatos estando afuera, por lo cual
había decidido estar listo ni bien cruzaba Santa Fe. Al pasar por el
portón, saludó al guardia de la entrada. Hacia casi un año que
visitaba el jardín con asiduidad para sacar fotos.
Caminó cada sendero mirando cuidadosamente y buscando aquello que
mereciera la pena ser retratado. Desde que había llegado a capital
federal había visitado el jardín con diversos fines, mates con
amigos, con la novia de turno o simplemente para liberar algo del
estrés que la facultad y el trabajo le generaban.
Recorrido el jardín en su totalidad y habiendo sacado un par de
fotos, se sentó delante de unas de las fuentes del jardín. Sin
embargo para Juan esa era “la” fuente. En medio de ella rodeada
de plantas acuáticas flotantes estaba su musa. La estatua a la que
había sacado montones de fotos. El punto de obsesión era tal que
tiempo atrás había decidido nombrarla Florencia. A veces charlaba
con ella, le contaba sobre sus problemas, una pobre excusa de
catarsis, pero era inevitable dado la familiaridad que cada parte del
jardín habían ganado para él. No era tarde, pero sin embargo al
ser pleno invierno, el firmamento ya se tornaba de un azul oscuro.
Guardo su cámara en la mochila y empezó el recorrido hacia su
cercano departamento.
Sorpresivamente en el camino se cruzo con Cristian quien iba cargando
una mochila. Brevemente, Cristian le explico que esa noche no iba a
estar en el departamento porque su novia lo había invitado a pasar
la noche con ella. Pensando en lo afortunado que Cristian era y en
veladas propias que ya se hacían lejanas en el tiempo, fue que Juan
llego a su departamento.
La
vio desde el principio de la cuadra, pero fue recién al llegar a la
entrada del departamento que el extrañamiento fue total. Una mujer
con sus hombros desnudos y cubierta aparentemente solo con una manta
se hallaba sentada en la entrada del edificio. Ya estaba poniendo la
llave en la cerradura, cuando fue la mirada persistente de la mujer y
el coraje acumulado lo que lo llevaron a preguntar
-¿Estas
bien?- Impávida la mujer le sostuvo la mirada.- ¿Te paso algo? ¿Te
robaron?
La
mujer se puso de pie y se paro delante de Juan mirándolo
directamente a los ojos, una sonrisa empezó a dibujarse en su rostro
y tras un pestañeo, lagrimas empezaron a asomar por la cornisa de
sus ojos. Juan emitió un par de preguntas mas pero una idea apareció
con fuerza en su cabeza “Está en shock”.
-Se
esta haciendo de noche ¿Quéres pasar? ¿Necesitas llamar a alguien?
Por
primera vez, la mujer pareció entender lo que Juan le decía y
asintió con su cabeza. Juan abrió la puerta y fue cuando la mujer
estuvo dentro que el miedo empezó a colarse en su ser. Intento
acallarlo decidiendo que la posibilidad que de que cosas malas
pudieran pasarle no debía disuadirlo de hacer lo correcto. Una vez
dentro, la mujer lo siguió obedientemente y permaneciendo en
profundo silencio.
Entraron al departamento y Juan se apuró a juntar un par de prendas
de vestir y platos sucios que estaban desubicados en el living
comedor. Mas allá de la situación extraordinaria, seguía siendo
una mujer en el departamento.
-Ahí
esta el teléfono, no te preocupes y llama tranquila, habla el tiempo
que necesites- Ningún signo de respuesta, la mujer se atenía a
mirarlo fijamente. Juan estaba por ofrecerle algo de tomar cuando la
mujer dejo caer la sabana al suelo, quedando completamente desnuda
delante de el. Juan solo atino a retroceder un paso pero sin poder
dejar de mirar la figura perfecta de ella. La mujer empezó a avanzar
hacia el con una sonrisa que rebozaba de una dulzura que Juan ni
siquiera había visto en el rostro de sus ex novias. Cuando sus
labios tocaron los de Juan, este inmediatamente olvidó todos sus
miedos y rodeándola con sus brazos situó sus manos en su pequeña
espalda sintiendo el agradable contacto de su tersa piel.
No
hubo usa sola palabra en el resto de la noche, solo la fusión de dos
seres que parecían desearse con suma intensidad.
Juan despertó con la claridad de la mañana y para sorpresa suya en
soledad. Podría haber pensado que había sido un sueño, si no fuera
por la manta blanca que aun reposaba sobre el suelo del comedor.
Levanto la manta y poniéndola sobre su rostro intento sentir el
aroma de ella, pero no logró encontrarlo.
Desayunó tranquilamente y decidió dirigirse al jardín Botánico
para seguir intentando dilucidar que es lo que había sucedido la
noche anterior. El guardia lo siguió con la mirada buscando el
clásico saludo, pero Juan estaba demasiado sumido en sus
pensamientos como para notarlo. Se sentó en el clásico banco frente
a la fuente, e inmediatamente notó la diferencia sin poderla
precisar con claridad. Algo había de diferente en Florencia. La
hipótesis martilló su cabeza junto con el miedo de estar perdiendo
la cordura. Miedo que se acentuó momentos después, intentando
desacelerar su respiración mientras miraba la foto en la que
Florencia sostenía claramente una manta que colgaba de una de sus
manos.
David Pérez
David Pérez
No hay comentarios:
Publicar un comentario