La familia reunida
El día en la oficina se había sentido más largo que de costumbre. Luego de llegar a casa, Oscar se quitó el saco y la camisa, los cambió por unos jeans y una remera; le tocaba cocinar para agasajar a sus suegros que venían por costumbre a cenar todos los jueves. Siempre pensaba, por qué no se juntarían los domingos como la mayoría de las familias, pero bueno, era así y él lo aceptaba sin quejarse.
-Lorena, ¿dónde está la sartén?- Preguntó más por reflejo que por no encontrarla, creía que cocinar le daba la autoridad como para usar a su esposa de ayudante.
-¿Qué sartén Oscar? Seguro que está frente a tus ojos y no la ves, no me hagas ir hasta allá que estoy ocupada.- Contestó la mujer levantando la voz para que esta llegara hasta donde estaba él.
Oscar pensó “cómo le gusta tratarme de boludo”, se agachó frente a la pileta y metió la cabeza dentro del bajo mesada para revisar. Miró alrededor y nada. Volvió a incorporarse y con las manos en la cintura grito “¡que no la encuentro mujer!”.
Vio de reojo que Lorena se acercaba molesta, se apuró a actuar más disgustado todavía y a levantar repasadores y bolsas, como si debajo de una bolsa de nylon fuera a estar la sartén. En ese momento se escuchó un ruido seco que venía del piso superior. Se miraron y Oscar preguntó “¿qué fue eso?”.
-¿Y cómo puedo saber yo? Será Mati jugando. Más te vale que no esté en un lugar obvio porque te la parto por la cabeza, quiero terminar de escribir el informe antes de que lleguen mis viejos a romper las bolas.
Otra vez el ruido.
-Si tanto te jode sigo yo buscando eh! ¿Al final qué te crees, que sos la única que trabaja en esta casa? ¿Le podes decir que pare de hacer ruido un poco?- Oscar estaba perdiendo la paciencia.
-Que carácter podrido que tenés, ni que te obligara a cocinar, si tanto te jode deja de hacerte el yerno perfecto y decíles que no vengan más a cenar y yo me ahorro tener que limpiar todos los jueves de paso- retrucó Lorena- ¡Matías, deja de hacer quilombo, andá a ponerte la remera limpia que te deje en tu cama que ya vienen los abuelos!- volvió a gritar al aire.
En ese momento sonó el timbre con el tono típico de “tapa tapita tapón”. Era el código de Mirta para que sepan que eran ellos y no ladrones.
-No te digo, los llamé con la mente- Dijo Lorena resignada- ¡Vooooy! – Se apuró a gritar para que no insistan y para ganar algo de tiempo.- Mirá, ahí al lado de la heladera esta la caja de la sartén, siempre dejas las cosas en cualquier lado.
-Yo no dejé eso acá querida, si hay algo que soy es prolijo o por qué te crees que la guardo en la caja- Oscar se apuro a decir en su defensa, aunque en el fondo no estaba tan seguro. Inspeccionó, pero además de encontrarse en un lugar insólito, la caja estaba vacía.
Lorena abrió la puerta con una sonrisa bastante falsa pero su mamá ni la notó, la saludó apurada y se dirigió a la cocina echando un vistazo al estado de la casa. Su papá la abrazó con alegría como siempre.
-Suegrita querida, ¿Puede creer que Lorena no encuentra la sartén que usted me regalo? Estoy queriendo cocinar rápido pero no hay caso. Llegué de la oficina y hace una hora que estoy así. Para colmo esta la caja sola, yo siempre la guardo ahí para que no se estropee vió.
Otra vez el sonido seco en la escalera. Esta vez hizo que Mirta se distrajera de lo que le decía Oscar.
-Matías, no te lo digo más eh.- gritó Lorena como descargando la bronca.
-Pobrecito mi yerno preferido, siempre le digo a la Lore que te cuide más, que te ayude un poco, pero bueno no hay caso, nunca logré enseñarle a cocinar tampoco. ¿Viste que linda es esa sartén? Yo tengo la mía, de la misma marca, desde que mis nenes eran chicos, son eternas.
Apareció en ese momento Matías corriendo para colgarse de su abuela, casualmente no venía del lado del que provenía el ruido, ruido que seguía provocando los nervios de Lorena. Oscar por su parte, parecía haberse olvidado y cambiar de humor ni bien llegaron las visitas.
-Hola hijito querido- dijo Mirta soriéndo de oreja a oreja, cada vez que lo llamaba así Lorena pensaba “es mi hijo no el tuyo” pero no decía nada. Me parece que vas a recibir un regalo, tenés la remera al revés, mamá no se dio cuenta parece.
- Me vestí yo solo abue, no soy un bebé- Dijo Matías poniendo cara seria.
- Que bronca me da no encontrar la sartén, yo siempre dejo las cosas en su lugar- dijo Oscar insistiendo.
-Yo sé que sos ordenado Oscarcito- Aclaró la suegra sin necesidad del comentario.
Se volvió a escuchar el ruido en la escalera, esta vez mucho más cerca, Lorena decidió ignorarlo para decir: “dejensé de joder con la sartén, usá la vieja y ya está Oscar”.
-Y si, no me va a quedar otra, que pena- dijo él haciéndose el pobrecito y sacó la sartén que a pesar de estar corroída por el uso y el tiempo, estaba al alcance de la mano.
-No lo trates así pobre, el quiere colaborar, encima que le gusta el regalo que le hago y lo quiere usar lo retás, además discúlpame pero en esa porquería la comida no va a ser lo mismo.- dijo Mirta sabiendo que ponía el dedo en la llaga, nunca podía contenerse antes de provocar por de mas a las personas, aunque las quisiera mucho.
-Mamá, escucháme una cosa, siempre...
En ese momento el ruido se repitió pero en presencia de todos (menos del abuelo que se fue al sillón a ver la tele ni bien llegó), interrumpió el valor que había tomado Lorena ya que concentró la atención. La sartén nueva había caído desde el último escalón a la cocina, y giraba de un modo que parecía que nunca iba a parar de hacer ese ruido tan molesto.
Matías, que estaba a upa de su abuela estiró el dedo sonriendo, y mostrando el agujero que dejo su paleta al caerse, gritó: “mi casco de guerra para evitar las bombas”. Mirta estalló en una eterna carcajada, acto seguido comenzó a hacerle cosquillas al pequeño.
-Vos sí que sos travieso eh, ¿no te enseño tu mamá que con eso no se juega?...Bueno Oscarcito ahora si podes cocinar, pero rapidito que estamos todos con hambre.
1 comentario:
Es "la colaboración de las cosas" perdón. Manuela
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