Sebastián
sostuvo el arma en su mano y pudo mantenerla apuntando al espejo sin temblar.
Ese control había llevado tiempo de practica al igual que lo había hecho el
imaginar la figura de Carlos en el espejo en vez de la propia. Acerco el arma a
su nariz y sintió el olor a pólvora. Todo había llevado tiempo, juntar coraje,
hablar con el contacto, los tiros de practica en algún lugar perdido del
conurbano. Los pasos previos estaban agotados. Solo restaba actualizar la idea
que germinaba día a día en su cabeza desde hacia semanas.
Tomó el taxi en la avenida. Luego de
indicarle la dirección al taxista se percato de que eran las once de la noche.
Carlos debía estar empezando a preguntarse por qué no había llegado aun.
Estrechó su mano y sin decirle nada enfilo
hacia la biblioteca. Sebastián observo que debía hacer un rato que Carlos
estaba esperándolo porque las piezas ya estaban todas en sus correspondientes
casillas. Esperando el momento de entrar en acción. Los dos sillones estaban en
el centro de la habitación y entre ellos el tablero de ajedrez en una pequeña
mesa. Carlos puso sus puños cerrados delante de Sebastián y este eligió de
manera afortunada. Blancas. Las piezas empezaron su desfile y empezaron a
charlar cosas del trabajo. Las charlas con Carlos seguían siendo irritantes
para Sebastián pero no tanto como las otras, las de hacia tiempo ya. Charlar
horas y horas acallando miedos, especulando sobre la impunidad. Nada había
pasado finalmente, todos habían supuesto un accidente. El superior de Carlos,
jefe a su vez de Sebastián, se había esfumado sin problemas para el resto del
mundo. Y Sebastián siendo por casualidad testigo, portador de un saber, se
había vuelto el psicólogo, cura y cómplice de Carlos. Seis meses después ya no
había mucha necesidad de catarsis por lo cual las charlas solo se habían vuelto
aburridas y monotemáticas. Fue por eso que Sebastián aumento su estado de
alerta, en el cual ya de por si lo tenia
el estar por perpetuar un asesinato, cuando
Carlos de la nada le preguntó:
-¿Crees en la magia Sebastián?-
Ante la pregunta Sebastián aprovecho para reír y liberar algo de tensión pero
viendo que Carlos quería una respuesta seria pregunto.
- ¿Qué tipo de magia?
-Magia no es exactamente
en lo que estoy pensando…son mas bien lógicas alternativas …- Sebastián puso su
mejor cara de no comprender.
-No Carlos, en cosas
raras no che.
- ¿Ves el reloj que esta
detrás tuyo?- Sebastián obtuvo rápidamente la imagen mental del antiguo reloj
de péndulo que se hallaba detrás suyo pero fue entonces que se percato de que
no escuchaba el típico ruido que este emitía por lo cual tuvo que voltear y
comprobar que el reloj no estaba funcionando.
-Si…una antigüedad…¿un
fantasma lo rompió?- Esta vez Carlos lo acompaño en la risa.
-No, y tengo la teoría de
que no esta roto. Es un reloj con una historia interesante.- Dijo Carlos con un
tono misterioso. Sebastian no quería nada de misterios esa noche pero
igualmente preguntó.
-Bueno, esto esta
bastante trabado- dijo mirando el tablero- nos tomamos un tiempito y me contas
la historia.
-Muy bien- Carlos suspiro
y se levanto de su sillón-Ese reloj pertenecía a mi viejo y me lo dejo al morir.
A su vez el reloj había sido el regalo de un amigo. Amigo que se había hecho mi
viejo como fruto de una desgracia.
-No hay mal que por bien
no venga- Dijo Sebastián retándose para sus adentros “¡No parlotees!”. Carlos
continuo su historia sin responder nada al comentario.
-Papa era viajante, había meses enteros en que
no lo veía. Una día apareció con el reloj en casa. Yo era muy chico pero algo
recuerdo y papá siempre conto la historia en cada reunión social.- Carlos se movía
de un lado al otro delante de Sebastian e intercambiaba miradas entre el reloj
y Sebastian.
-Al parecer papá había salvado a un hombre
que se había accidentado con su auto en una ruta poco transitada. Facundo se
llamaba o llama, no sé que fue de el hoy en día, la ultima vez que lo ví fue en
el funeral del viejo hace unos años. De cualquier manera parece que si papá no
pasaba en ese momento Facundo habría muerto desangrado. El reloj de péndulo se
lo había regalado Facundo como agradecimiento. Con el tiempo se fueron haciendo
amigos, se frecuentaban bastante seguido y el reloj adornaba la cocina comedor
de casa. Un día dado, aproximadamente seis meses después del accidente papa
empezó a sentirse mal, fue al hospital y lo internaron. Hacia la noche de ese
día nos enteramos que necesitaba un trasplante de riñón urgente. Volvimos a
casa y mientras mamá llamaba a todos los conocidos contándoles el problema me
percate de que el reloj de péndulo había dejado de funcionar, se lo conté a
mamá y ella asustada porque sabia lo mucho que papá quería ese reloj le intento
dar cuerda. El reloj parecía roto.- En ese momento Carlos salió de la vista de Sebastián
y se paro frente a reloj de péndulo, mirándolo fijo. Sebastián intento seguir mirándolo
pero tenia el cuello tan tenso que la posición se le volvía muy molesta.
Cuando volvimos al hospital Facundo estaba
ahí. Se había hecho unos exámenes y habían averiguado que de manera curiosa
Facundo parecía ser un donador perfecto. La operación fue exitosa. Papa estaba
como nuevo. Fue recién cuando le dieron el alta y volvió a casa que yo y mama
nos dimos cuenta de la novedad. El reloj estaba funcionando sin problemas.
-Linda historia…a vos te
parece que significa algo…¿el reloj es mágico?
- Cuando me levante esta
mañana de casualidad me di cuenta que el reloj no estaba funcionando. En ese
momento me invadió un terror absoluto. Me quede todo el día acá en casa
asustado con miedo de que el “karma” tocara mi timbre. Después me percate de
que habíamos arreglado para vernos justo esta noche.
-Si…¿y eso?- Fue ahí que Sebastián
sintió una leve presión sobre su cabeza a lo que volteo lentamente para
encontrarse ante la oscura mirada de ciclope de un arma. Con el corazón
latiendo violentamente balbuceo preguntas-¿Qué? ¿Qué haces?
-Tranquilo y no te muevas
que te va a salir una reunión de
urgencia con Lopez- Por primera vez en la noche Carlos rio con ganas-No te
preocupes, acordate de que vos no crees en cosas raras, solamente quiero
revisarte, el día ya esta por terminar
David Pérez
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