martes, 12 de octubre de 2010

Trabajo 4. Grupo 1 (Laura Di Marzo).

Seminario: La Narrativa de Ficción. Cátedra Klein.

Docente: Di Marzo, Laura

Alumno: Gelmini Juri, Nicolás

Consigna 4: Escribir un relato con un objeto como factor de tensión o condensación narrativa.

Reescritura (es otro trabajo, no es una reescritura del anterior).


Fragmento intencional

Cuando se deprimía, Lucas pasaba horas acostado en la cama. No dormía, no escuchaba música, no leía. Lo último que quería, en esas situaciones, era hacer (ser) algo. Su cuerpo y su mente apuntaban a la nada.
En ese estado esperaba con ansiedad exacerbada que alguien lo llamara inesperadamente, que alguien lo fuera a visitar, que alguien se preocupara por su existencia. Por eso su celular se veía excesivamente manoseado: en algunos momentos sentía la necesidad total de comunicarse, y escribía largos SMS (que luego no enviaba) que sugerían que había tomado la decisión de suicidarse, o que necesitaba ayuda; a su vez releía de un modo masoquista los que había intercambiado con Ana. Lucas estaba enamorado de ella y ella lo intuía; pero ella tenía novio y no iba a dejarlo, aunque Lucas le gustara. Lucas, en su inseguridad, no le había dicho nada cara a cara y se había limitado a enviarle mensajes semi-amorosos, que habían sido respondidos pero nunca habían pasado de ser lo que eran, no habían llevado al encuentro.
Sin embargo, la posibilidad de que el SMS correcto se convirtiera en Ana a su lado existía, y esto exasperaba a Lucas, que de repente se alegraba y se excitaba en exceso y escribía un largo mensaje para enviarle, que luego le parecía ridículo, y entonces lo borraba. El celular se volvía un medio inútil, pero potencialmente útil. Le provocaba un odio amargo ese teléfono perverso, que tenía el poder de atraer un cuerpo femenino pero no revelaba cómo usar ese poder. El celular era pura potencia desperdiciada, un hombre y una mujer masturbándose lascivamente en cuartos separados por una puerta sin trabar (la puerta), una tremenda forma de comunicarse que sin embargo no servía, un objeto macabro y horrible y vil. Lo apretaba y lo golpeaba, como si fuera a exprimirlo para sacarle sus secretos; nada le hubiera dado más placer que arrojarlo con todas sus fuerzas contra la pared o romperlo a martillazos. Era un objeto que era pura promesa, al igual que su relación con Ana: todo estaba dispuesto para la felicidad, y sin embargo la felicidad no existía, no podía existir. Pensaba en las varias veces que habían estado juntos, y luego ella se había ido y nada había pasado. Entonces él había tomado el celular y había escrito un mensaje apasionado, que no había enviado.
Se imaginaba que las posibilidades del celular eran falsas desde el principio, y así y todo no podía creerlo realmente, porque al fin y al cabo los mensajes que enviaba los escribía él. Pero el hecho era que nada le impedía tener una relación con Ana y sin embargo seguían siendo solo amigos, del mismo modo que nada le impedía mandarle un mensaje, y sin embargo no lo hacía. Todo podía ser: se preguntó incluso si no sería el celular el que no le dejaba decirle a Ana todo lo que sentía, el que lo había acostumbrado a la distancia y la incorporalidad, el que lo amedrentaba con la desesperanza y la eventualidad de la humillación. Si se animara a hablarle, si rompiera el muro y el aislamiento: quizás fuera un mismo movimiento, la forma de que el celular desapareciera y se consumiera a sí mismo en su falso fuego comunicativo, en su pornografía, dejando de ser una posibilidad imposible, una promesa de campaña, una publicidad.

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