viernes, 27 de agosto de 2010

Ovillos y aviones

Tengo un ovillo de lana en la mano y lo tiro por el suelo para que ruede y se desarme. Rueda, que rueda hasta que ya no rueda más. Se corta.


Mamá me despierta.
No esta igual que siempre, tiene mirada frenética y pelos que se le salen del rodete. Me dice que vaya a la cocina para el desayuno. Se equivoca: pone primero la leche y después la cucharadas de nesquik, y ella siempre pone primero el nesquik y después la leche. Yo me quejo porque mi chocolatada esta oscura y ella la tira en la pileta y arruga su cara.
- Ahí tenes, Julieta.
Después se da vuelta y nadie la sigue. Creo que se arrepiente porque vuelve corriendo enseguida y me acurruca toda en sus brazos dejándome sin respirar. Y yo creo que llora. Mamá no llora para afuera, pero se le nota. Hace lo mismo cuando mi papá le grita.

Ahora mi papá entra a la cocina. Esta más viejo y feo que ayer. Repite una y otra vez que no se puede comunicar con el tío Ricardo, que no se puede comunicar con él.
Por suerte, mamá me suelta a mi y se va a abrazarlo. Ella lo abraza a él, pero él no la abraza a ella. Yo juego con mi chocolatada tranquila. Hago sorbos cortos y largos, y veo como la leche se desliza por la pajita fluor como pasadizo secreto.
Mis papás susurran por lo bajo. Los grandes siempre se preocupan por todo.

Cuando el ovillo se corta, le hago un nudito con las dos puntas y lo vuelvo a hacer rodar.

Estoy acostada en la cama por que hoy no voy a la escuela. Lo decidió papá.
Me veo la panza porque la remera me llega hasta el ombligo. Se parece a una pelota. No, mejor a una montaña. Pongo mis dedos en vertical y hago como si estuviera caminando hacia la cima. Escucho pasos que corren y paro de subir montañas
Ahora miro el techo, porque si cierro los ojos no sueño. Hay puertas, y ruido de televisión fuerte, y preguntas que hablan del tío Ricardo, y yo no sé.
Mamá me dice que no lo vemos mucho porque vive en un país más lindo y mejor que el nuestro. No me acuerdo de su cara, pero si de su mano en mi cabeza cada vez que me ve, y de cómo me despeina como si fuese un perro. Se nota que no tiene hijos.
Lo que si me gusta del tío Ricardo es que siempre nos manda regalos. La última navidad le regaló a mi hermano un videojuego de gente que se dispara y se muere, y a mi una muñeca que habla. Pero mi muñeca no habla castellano, entonces yo no entiendo lo que dice, y por eso le puse en el rincón de mi cuarto. Esta ahí; vaciada, abandonada y diabólica. Tiene ojos grandes y boca dibujada y mirada que mira. A veces soy yo la que mira y a veces, me mira ella. Creo que me da más miedo ahora porque pienso en tío Ricardo.

Cuando llego al final del ovillo, lo corro de punta a punta, y me tiro patas para arriba a descansar.

Me despierto por una puerta que se cierra. No me gustan los ruidos de puertas. No se quien es el otro que las abre. Me gustan más las ventanas, y ahora que miro a través de ellas, no veo nada raro. El paisaje siempre es igual; un parque grande y la casa del vecino; blanca, lisa, fría. Inmensa como la mía. No hablamos con los vecinos, no hablamos con casi nadie. Mi papa dice algo del cuchillo y la espalda, y mi mamá se calla siempre.
Suena el teléfono, y alguien corre por el pasillo. Yo salgo de mi cuarto y camino por la alfombra gris hasta que llego a las escaleras. Me gusta contar los escalones o bajar como artista de cine. O con ojos cerrados.
Pero mi papá ahora no tiene los ojos cerrados. Los tiene secos y su cara esta dura, y mira la televisión y ni se da cuenta que estoy ahí. Y yo ahora también miro la tele, y veo aviones, edificios, y fuego, y otros, y gritos y…
- Julieta
Grita mamá y me agarra en sus brazos y me aleja de papá y su cara inmóvil, pero yo me acuerdo de esa cara hasta ahora de noche que estoy en mi cama, y veo la muñeca y pienso en el tío Ricardo. Y no se porque todos están tan preocupados por él, por que mi mamá dice que vive en un país mucho mejor que el nuestro.
Esa noche no sueño con ovillos. Sueño con fuego y aviones.

Paula Schrott




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