Escuché mucho acerca de la ficción. En general, de gente que no tiene imaginación, que no tiene interés en tener imaginación, que no tiene ganas de tener interés en tener imaginación, o que directamente no tiene idea. Otras veces, de gente que sencillamente no se anima a escribir, o no se anima a animarse… etcétera.
Señores, la literatura no es una pérdida de tiempo. Es tiempo trabajosamente invertido en crear una obra con la que otros puedan perder el tiempo. “¡Ah! –dirán ustedes - ¡El lector!”. Pues no me refiero al lector, sino al que gasta segundos de aliento en frases como “La literatura es una pérdida de tiempo”. El lector está aprendiendo de la vida, aprende a ver el mundo con otros ojos, conoce otros mundos, encuentra un amigo en unas letras impresas… Y si no, el lector encuentra algo que lo hace escribir, y la cadena sigue. Cuando ya nadie más escriba, hablaremos acerca de si fue una pérdida de tiempo. Aunque espero no seguir viva para ese entonces. Y si lo estoy, les daré un golpe con el bastón; los viejos tienen todo permitido.
Quienes tienen miedo de escribir (o quienes algún día lo tuvimos) recurren a dos argumentos: la inspiración y la genialidad. Señores dos, el hecho de que algunos escritores seamos, incidentalmente, genios, no tiene relación alguna con la práctica de la escritura. Se puede escribir siendo genio, normal o idiota. El único que realmente no puede escribir es aquel que considera que es demasiado como para aprender del idiota. Los idiotas, señores, también tenemos mucho que enseñar, y algunas veces somos genios.
En cuanto a la inspiración, es un hecho cierto. Pero es bueno, como dicen, que te encuentre trabajando. Cierto es que sin la bendita inspiración es posible que lo que ustedes, señores, escriban sea, lisa y llanamente, una cagada. Pues bien, es una cagada menos dentro de su pluma y sobre el papel. El papel puede arrancarse, arrugarse y tirarse, y siempre hay un papel nuevo. Así como los idiotas tenemos mucho que enseñar, los peores fracasos enseñan más que los triunfos fáciles.
Así que escriban, señores, encuentren un rato y escriban. Y si son cinco minutos, ya encontrarán otros cinco minutos la semana que viene. Algunos otros señores les dirán que la literatura es una evasión de la realidad. Tengo ciertos argumentos al respecto, pero realmente no tengo el tiempo ahora de desarrollarlos. El incendio está invadiendo la habitación y mi hoja empieza a chamuscarse.
Nora Wilson
LA FICCIÓN ES EVASIÓN
“La cuestión es tan simple como compleja. Hace unos días que venía, vengo (no sé si seguiré) mal con mi pareja. No quería hablar con nadie. Ni siquiera mediar un debate con mis amigas entre mate y los clásicos “yo creo que deberías hacer…”. No contaba con la intención de que nadie me acercara un recetario de finales y caminos posibles. ¿Para qué? Si escuchamos consejos y luego terminamos haciendo lo que nos sale en el momento. El guión se cae y emerge la inmanencia, lo propio y no planeado del contexto.
Entonces, decidí sentarme a escribir lo que me estaba pasando. Narrar micro-relatos, algunos versos colgados de la nada. Al principio lo sentí como una evasión. Como si el correr de la lapicera o el sonido del teclado fueran la vía de escape.
Luego, fui destripando las líneas. Me leí, me reescribí…se podría hasta decir que me reinventé. Y comprobé que en el inicio había pretendido (inconscientemente) que mis causi delirios ficcionales actuaran como manto de silencio, me terminaron gritando en la cara lo que no quería que hicieran los otros. Volvieron a resurgir mis temas recurrentes: la libertad y el vértigo que ansío frente a la cobardía que me acosa.
Y finalmente comprobé que la ficción era verdad cruda (la mía) disfrazada en la vida de otros personajes. Personajes que desean la llegada de la primavera, vestirse de colores y dejar de soñar en blanco y negro.
Anoche me senté, recopilé lo que había escrito en estos días y de eso nació una nota. Se la mandé a mi editora. En tres semanas estará publicada. Veremos si me atreví a tomar las decisiones de mis personajes de ficción. Si le hago honor a lo que yo creo: los escritores de ficción somos cobardes valientes.”
Antonella Orlando
La frase “La ficción es evasión” nos puede señalar un problema del cual ella misma es sólo una respuesta; el problema que señala puede expresarse en la pregunta ¿Qué es ficción? La segunda frase “La literatura es una pérdida de tiempo”, nos indicaría otro problema relacionado al primero: ¿Para qué sirve la ficción? ¿Sirve?
La primera pregunta rodea el problema de la especificidad, la segunda el de la relación de la ficción con la vida. Como estos dos problemas no son separables, se los podría juntar con la siguiente pregunta: ¿Qué da, que regala la ficción literaria? Es decir ¿Qué hace, qué fabrica?
Podemos comenzar a apuntar algunas respuestas para estas preguntas, que se alejen tanto de la concepción “esteticista” (aquí la ficción sería un algo cerrado sobre sí mismo sin ningún tipo de conexión con el mundo) como de las lecturas psicologistas o sociologistas (que reenvían la ficción a algo por fuera de ella), si intentamos vincular a la ficción literaria con la sensibilidad o con las condiciones de sensibilidad. Podría leerse a la producción ficcional como fabricación de instintos, afectos, sensaciones y percepciones; así la literatura (preferimos este término al más general de escritura ya que señalaría que algún tipo de especificidad debe buscarse) nos mostraría modos de sentir, modos de querer, modos de amar. El acercamiento de la literatura en torno a la cuestión de la sensibilidad conectaría de un modo directo a la primera con el cuerpo y con la vida sin renunciar a la especificidad y sin caer en reducciones extraliterarias.
Dino Schwaab
La ficción (¿el arte en general, quizás?), la literatura, suele ser pensada, visualizada como pérdida, como gasto improductivo, evasión de una realidad delimitada por… ¿por qué cosa? ¿Por el mundo puramente “material”? Hacer literatura es “rechazar el mundo”, dice cierto sentido común que normalmente llama, en contraste, a “meterse” en el mundo, a “vivirlo” del modo en “es realmente”.
Lo que cabe preguntarse, ante afirmaciones como éstas, es principalmente si es posible una escritura (y de nuevo, un arte en general) que esté fuera del mundo, desconectada de toda realidad posible, de toda condición material. Si la respuesta fuera afirmativa, diríamos que se trata de literatura sin referente, puramente abstracta, ausente y autónoma, basada en una inspiración reservada a las élites, a los genios.
Por el contrario, una visión más acorde al mundo y a la vida, a las prácticas cotidianas, pensaría que, más que rechazar al mundo, la literatura nos sumerge en él, en una visión nueva y renovada del mismo y por ende, de nosotros mismos. La literatura es la apertura del mundo, no su evasión; es el riesgo de repesarlo y de proponer esa nueva visión. En este sentido, accederemos a la escritura como una actividad material, dependiente de sus condiciones mundanas, como una práctica y un trabajo dependientes de un cuerpo y una subjetividad, y no de una inspiración divina.
También quedaría pendiente una refutación del mundo tal como lo ven los discursos que hablan de evasión. ¿Qué mundo quieren, qué vida quieren, qué hombre quieren? ¿Un hombre que “no pierde tiempo pensando”, acaso porque en ese caso se rebelaría? Y sin caer en los argumentos ad-hominem, ¿quién es el que dice que la literatura es evasión? ¿Por qué lo dice? ¿Qué existencia ganaría con el “tiempo” que no perdería en la actividad literaria? ¿Evadirse de qué?
Nicolás Gelmini Juri
Para escribir es necesaria la inspiración
Muchas veces sucede que llega el momento de sentarse a escribir y brotan de nuestra cabeza cientos de temáticas por abordar pero no se encuentra fácilmente como comenzar, como seguir y, mucho menos, cómo terminar. Creo, que como toda acción o proyecto, la inspiración juega un papel protagonista, que nos guía en el trabajo de la escritura y permite hallar algunos modos para enfrentar al texto que se produce. La inspiración no necesariamente queda representada en un material textual, pero sirve de motor o dispara reflexiones y maneras de escribir. Ayuda también a tomar decisiones sobre qué géneros usar, con cuáles jugar o cómo imponer un estilo a la hora de armar un escrito.
Siento también que la inspiración se vincula con el estado de animo y de esta manera reproduce percepciones personales que quedan plasmadas en frases.
Para concluir, al momento de escribir necesitamos de esa inspiración. No importa cómo sea, ni de donde venga, sino que abra caminos y nos deje expresarnos de modo tal que el lector encuentre en las palabras escritas sensaciones compartidas.
Daniel Francisco
No tengo una musa. Tal vez porque soy una mujer heterosexual, y no sé si está bien con la Tradición Literaria que tenga una musa. Claro que una musa tiene que ser femenina y un objeto de deseo. No lo digo con honestad, sino con un cierto tipo de humor triste.
Pero inspiración sí tengo; y allí es donde nace mi problema. ¿Es necesario haber inspiración para escribir? Tenemos que escribir sobre algo, supongo, y si no tenemos ninguna idea donde comenzar vamos a decidir mirar la tele o salir con amigos o ir a tomar un café en vez de cumplir con el acto de escribir. Tal vez necesitamos inspiración, pero no es suficiente. ¡Yo tengo montañas y océanos de inspiración! Viene de las paredes y parques y gente a mi alrededor, viene del sonido del trueno y el viento, viene de todo. Pero ¿cuánto escribo comparado con esa ataque de inspiración que me empuja adelante en cada momento? Muy poco, casi nada, no sé por cuál razón. Mi “musa” que es todo el mundo me da demasiado y no puedo ni entender la mitad. No sé qué hacer con todo.
¡Ay, si solo tuviera la inspiración estereotípica de una mujer bonita, cuánto sería más fácil! Pero no. Prefiero mi musa que no voy a deshumanizar. Es mucho más difícil, tratar de escribir con la inspiración gris, la inspiración de niebla, la inspiración que no se puede capturar en una sola palabra ni en un solo instante. Sin embargo, vale la pena. Y si alguien cree que no tiene inspiración, puede encontrarla siempre allá. Ya no funciona la excusa de “no tengo inspiración; no puedo escribir.”
Katelyn Duncan
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